La ganadería colombiana enfrenta una coyuntura favorable en el mercado internacional. Según João Antônio Fagundes Neto, director del Grupo Raca Agro de Brasil, el mundo está entrando en un nuevo ciclo de precios altos que podría durar entre dos y cuatro años, impulsado por la reducción del hato bovino global —que pasó de 943,7 millones de cabezas en 2023 a 922,7 millones en 2025—. Este escenario ofrece a Colombia una oportunidad única para aumentar su producción y mejorar sus ingresos, siempre que logre responder con eficiencia, calidad y apertura a nuevos mercados.
El experto brasileño explicó que el futuro de la ganadería es tropical, ya que en regiones como América Latina los costos de producción son más bajos gracias al uso de sistemas pastoriles, que además tienen ventajas ambientales por capturar carbono. En contraste, países como Estados Unidos enfrentan mayores costos debido a la dependencia de granos para la alimentación de su ganado, lo que reduce su rentabilidad. Por ello, Fagundes subraya que Colombia, por sus condiciones naturales, puede posicionarse como un proveedor competitivo de carne bovina en el mercado global.
Sin embargo, el desafío sigue siendo la productividad. Aunque Colombia figura entre los 15 principales países ganaderos del mundo, su eficiencia es baja frente a potencias regionales como Brasil, México o Argentina. Para revertir esta brecha, Fagundes recomienda priorizar inversiones simples pero estratégicas: mejorar el manejo del hato, garantizar agua y alimentación adecuadas, dividir potreros de forma técnica y fortalecer la salud animal. Solo cuando estos factores estén equilibrados, la suplementación puede convertirse en una herramienta rentable. Con precios internacionales al alza y una demanda sostenida, el país tiene ante sí la oportunidad de transformar su ganadería en una más productiva, rentable y sostenible —si logra superar el gran pendiente: la trazabilidad











