Colombia enfrenta una nueva oleada de violencia contra la fuerza pública, con 19 policías y militares asesinados en los últimos días en regiones como Antioquia, Córdoba y Bolívar, víctimas del llamado ‘plan pistola’. A estos se suman siete militares más que murieron en una emboscada en Guaviare, perpetrada por las disidencias de las FARC bajo el mando de alias ‘Calarcá’.
Detrás de estos ataques están tres actores armados ilegales: el Clan del Golfo, el ELN y las disidencias de ‘Iván Mordisco’. El ‘plan pistola’, utilizado históricamente por grupos criminales para infundir terror y debilitar la moral institucional, fue reactivado con una agresividad alarmante. Esta estrategia, que data de la era de Pablo Escobar, busca recuperar el control territorial en zonas estratégicas del país.
Según informes de inteligencia, el detonante de esta ofensiva habría sido la muerte de alias ‘Chirimoya’, uno de los hombres de confianza de ‘Chiquito Malo’, cabecilla del Clan del Golfo. El operativo en el que fue abatido se llevó a cabo el pasado 4 de abril, y desde entonces se ha desatado una ola de represalias violentas.
El presidente Gustavo Petro, quien había guardado silencio frente a los hechos, finalmente se pronunció a través de su cuenta de X, asegurando que el Gobierno no cederá ante el terror y que intensificará la ofensiva contra el Clan del Golfo. “No tienen escapatoria”, afirmó, advirtiendo que si no abandonan sus actividades ilícitas, se construirá una alianza internacional para desmantelar la organización criminal, incluso llegando a sus aliados en Dubái.











