En las calles del Centro Histórico de Cartagena, existió un consultorio singular, el cual su dueño fue el Dr. Manuel Lefranc, conocido cariñosamente como ‘Mañe’, que por muchos años se dedicó a atender a sus pacientes con una gran devoción y sentido humano. Graduado de la Universidad de Cartagena en 1945 y con estudios en medicina interna y homeopatía en España, Lefranc encarnaba la esencia del médico de antaño, cercano, humano y profundamente comprometido con su comunidad, su consultorio, primero en la Calle de Santo Domingo y luego en la Calle del Cuartel, no era un lugar ordinario, las paredes húmedas y la penumbra le daban un aire de misterio que, combinado con su carisma, alimentaban las historias que lo señalaban como un curandero casi mágico. Lo que hacia reconocido a Lefranc eran las famosas ‘agüitas’ con las que curaba a sus paciente, preparadas con fórmulas secretas que resonaban en Cartagena y más allá. Campesinos de las zonas más reconocidas llegaban con fe ciega, muchos sin dinero, pero con regalos humildes como gallinas criollas, frutas o cualquier cosa que tuvieran a mano y Lefranc nunca les cerró las puertas. Para él, la salud no tenía precio fijo; lo importante era aliviar. En el consultorio del Dr. Lefranc, las consultas no dependían del bolsillo del paciente, sino de su necesidad, era como un refugio para quienes buscaban algo más que medicamentos. El 20 de marzo de 1994, los cartageneros perdieron a este personajes tan querido, pero sigue presente como uno de los mejores médicos que ha tenido la ciudad a lo largo de los años.