Si yo fuera senador…

Por Luis Alonso Colmenares Rodríguez

Soñar es lo único que hoy se puede hacer gratis. Voy a aprovechar las actuales circunstancias del ambiente político para plantear una hipótesis, en la eventualidad de que yo fuera elegido senador de la República. Es decir, cuáles serían los compromisos que podría asumir con mis electores.

Siempre he considerado que un candidato no debe prometer de todo para no hacer nada, como si se tratara de una escopeta de regadera, disparando por todas partes y a todo lo que se mueva, pero sin acertar en nada.

Lo primero es que, en mi condición de contador público, y habiendo estado en la dirección de todos los órganos de mi profesión: contador general de la Nación, presidente de la Junta Central de Contadores y presidente del Consejo Técnico de la Contaduría Pública, honores que quizás nunca le terminaré de agradecer a mis colegas, haría lo necesario para promover la aprobación de un nuevo marco normativo para la profesión.

En un mundo globalizado hay que modernizar la regulación de la profesión contable para adecuarla al desarrollo de la ciencia, los sistemas de información, las organizaciones empresariales, las relaciones comerciales, entre otros aspectos. El contador público debe estar con la capacidad profesional para llevar a cabo un óptimo desempeño en el marco de la reorganización institucional, profesional, disciplinaria y educativa.

La justicia es un tema que me tiene mortificado desde hace 11 años y eso me enseñó que es de vital importancia para el desarrollo de una vida normal, pacífica y civilizada dentro de la sociedad colombiana.

La justicia sigue siendo una tarea pendiente que se debe trabajar desde sus instituciones, de tal manera que no sea una labor única de los organismos de control, el ente acusador y los jueces. La justicia debe apoyar a las víctimas y dejar de ser un tema que se reduzca a concederle privilegios a la cúpula de la rama judicial a cambio de impunidad para los legisladores.

La innovación, junto con el emprendimiento, es decir, el desarrollo de las ideas debe tener un espacio importante en el trámite legislativo por lo vital que representa para las generaciones del presente y futuro del país.

No en vano, grandes potencias, países medios y hasta pequeños han confiado su desarrollo futuro a la innovación y emprendimiento en la economía, que a su vez implica confianza en el individuo, en su capacidad de creatividad, en la forma como se asimila el fracaso y la manera de superarlo para ser exitoso.

Los casos de Suecia, Singapur o Israel son apenas algunos que se pueden mirar para encausar una dinámica de materialización de ideas que aporten al desarrollo de Colombia como los Distritos Especiales de Innovación (DEI), para no quedar en la ilusión de la economía naranja que prometió el actual gobierno, pero que no llegó ni a mandarina.

También la equidad laboral a través del fomento, impulso y promoción de la mujer dentro de la fuerza laboral colombiana es un tema al que le daría la importancia merecida, sabiendo que la mujer está preparada para aportarle al avance de la sociedad, aportando su experiencia y conocimiento, por lo cual hay que dar pasos decisivos y de mucho significado hacia la igualdad.

Y en mi condición de guajiro, siendo fiel a mi idiosincrasia, asumiría el liderazgo para la protección y desarrollo de la comunidad wayuu.

Hay que resolver las graves condiciones de salud, agua y alimentación de la población wayuu, cuya consecuencia ha sido la desnutrición y muerte de niños y adultos dentro de dicha comunidad

Se está afectando a una parte vulnerable de la población en cuyo favor se ha fallado en derecho y, por tanto, aplazar dicha implementación acarrea la profundización del problema, amén de incurrir en el desacato y la vulneración de los Derechos Fundamentales que han sido protegidos.

La situación ha sido reconocida por la Corte Constitucional en la sentencia T-302/17 declarando el estado de cosas inconstitucional, pero, sin embargo, no ha sido implementado por parte del Estado; y desde el Congreso hay que promover el cumplimiento de dicho fallo.

Y como dijo el filósofo de La Junta: “se las dejo ahí”.

@LcolmenaresR

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Luego de conocer el caso del presunto maltrato a un estudiante de 5 años en el colegio de La Salle, en Cartagena, se conoce el pronunciamiento por parte de la institución. “Informa a la comunidad que se están adoptando las medidas pertinentes para esclarecer las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que se desarrollaron los hechos. En este sentido, se reafirma el absoluto compromiso de la institución con la prevención, corrección y sanción de cualquier conducta violenta, denigrante o constitutiva de acoso escolar, pues rechazamos abiertamente todo comportamiento que pretenda infundir miedo, angustia o imponer disciplina a través de la violencia”, reposa el documento, desliza para conocer detalles. Por su parte, el secretario de Educación aseguró que el caso ocurrió en el 2024.

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Mujer de 22 años se vino de Barranquilla a robar celulares en Cartagena

En un operativo contra el hurto, la Policía Nacional capturó en el barrio Getsemaní, ubicado en el Centro Histórico, a una mujer identificada como ‘Saday’, de 22 años, quien minutos antes había robado un teléfono de alta gama. Se conoció que la presunta delincuente es oriunda de Barranquilla y que, al realizarle una requisa minuciosa, le encontraron alrededor de 11 dispositivos adicionales, cuya procedencia no pudo justificar. Varios de los celulares incautados a esta mujer fueron devueltos a sus propietarios, mientras que el resto, junto con ella, fueron puestos a disposición de la Fiscalía General de la Nación. A ‘Saday’ se le imputan cargos de hurto y está a la espera de su audiencia preliminar para definir su situación judicial.

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Centro comercial en Cartagena lidera limpieza de la laguna de Chamabcú

Como muestra de su compromiso por el cuidado del medio ambiente, Mallplaza Cartagena junto al Departamento de Gestión Social (PACARIBE) están realizando mensualmente jornadas de limpieza del manglar de la laguna Chambacú. En lo corrido del año han recolectado más de 2.800 kg de residuos no aprovechables y cerca de 2.500 kg. de residuos aprovechables del ecosistema. Los manglares son ecosistemas cruciales para el bienestar de las ciudades vecinas a grandes cuerpos de agua, ya que actúan como barreras naturales que protegen contra tormentas, oleajes y erosión costera. La contaminación generada por los residuos afecta fuertemente el ciclo de vida dentro de ellos. Para 2023, año en el que inició esta iniciativa, se realizaron siete jornadas de limpieza del manglar, en las que se recolectó 446,3 kg. de residuos, de los cuales, 53,6 kg. pudieron ser aprovechados gracias a la clasificación según categorías: orgánicos (verde), aprovechables (blanco) y ordinarios (negro). Mallplaza y PACARIBE continúan trabajado colectivamente por mantener el manglar y conservar el entorno limpio y generar conciencia sobre la importancia de cuidar y respetar los recursos naturales.   Con estas iniciativas Mallplaza no solo les entrega a las visitantes experiencias únicas, sino que también reafirma su preocupación por el entorno y compromiso en el desarrollo de alianzas que mejoren la calidad de vida de los que habitan las ciudades donde la compañía tiene presencia.

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Doña Lola: el sabor de Cartagena en un plato de mondongo

Un lugar donde el amor se cocina a fuego lento y se sirve con una generosidad infinita, uniendo a la comunidad cartagenera alrededor de su mesa. Por: Emilio Gutiérrez Yance En Cartagena de Indias, donde el sol cálido acaricia las murallas y el bullicio de la gente llena las calles de vida, en el barrio La Esperanza, uno de los más populares, existe un rincón donde la vida huele a mondongo, a yuca hirviendo, a arroz con coco recién hecho. Es el restaurante “Doña Lola”, atendido por su dueña y alma, Dolores del Carmen De Ávila, una mujer que ha hecho de la cocina un acto de amor y resistencia. Nacida y criada en el legendario barrio Chambacú, tierra de tambores, sudores y sueños, Lola aprendió el arte de cocinar como se hereda la sangre: de manera natural. Su abuela Antonia Ramos fue la primera maestra, y a su lado, entre ollas ennegrecidas y cucharas de palo, Lola descubrió que en cada sancocho se podía contar una historia. Hoy, con 69 años a cuestas, su restaurante es punto obligado para propios y visitantes. Ella suele decir, con picardía costeña: —“Si usted viene a Cartagena y no prueba mi mondongo, es como si no hubiera venido”. Y no exagera. Su especialidad, el sancocho de mondongo de los domingos, se vende como pan caliente. La clienta María Frías recuerda con asombro la primera vez que lo probó: —“No había probado una sopa tan exquisita en mi vida”. Los taxistas y mototaxistas son sus mejores clientes. Ellos saben que en Doña Lola no solo se come, también se conversa y se ríe. Cada plato parece tener el sazón de las calles, de las historias y de la música de Cartagena. De muchacha, cuando apenas tenía 15 años, Lola empezó vendiendo fritos en La Esperanza. Luego trabajó en una casa de familia en el barrio El Cabrero, con gente que emigró a los Estados Unidos y que quiso llevársela. Pero el destino la amarró a Cartagena. Un latonero llamado Donaldo “El Mono” Sanjuan le robó el corazón y cambió sus planes. Con él crió seis hijos: dos son policías, uno estudió mecánica dental y, entre ellos, está Dalimiro Sanjuan, quien llegaría a ser comisario. Su rutina empieza cuando la ciudad aún duerme. A las 4 de la mañana camina hacia el mercado de Bazurto, donde los vendedores ya la saludan como a una vieja amiga. Vuelve cargada de pescado fresco, viandas y verduras que más tarde convertirán su restaurante en un hervidero de aromas. Doña Lola es alegre y dicharachera. La música la acompaña siempre, en especial la salsa que recuerda el barrio donde nació. Su canción favorita es “El Getsemanicense”, que canta a la Cartagena de callejones y faroles. Al final de cada jornada, bajo el calor pegajoso de la ciudad, se toma cuatro cervezas heladas para refrescarse, “para despejar la memoria y renovar las fuerzas”, como ella misma dice. El barrio entero la reconoce. En un solo día puede recibir más de cien saludos de transeúntes que, al pasar, sienten cómo el olor de su cocina se extiende por las calles de La Esperanza como una brisa invisible que convoca al apetito. Y como si el homenaje no bastara con la tierra, hasta los aviones que cruzan constantemente el cielo cartagenero inclinan su vuelo en respeto a Doña Dolores, la reina indiscutible del sancocho de mondongo. Así, entre el humo de las ollas, las carcajadas y los saludos, Doña Lola ha tejido una vida que ya forma parte de la memoria colectiva de Cartagena. Sus manos, curtidas por el tiempo y el fuego, evocan historias de lucha y superación, transmitidas de generación en generación. Su cocina emana un aroma que es un abrazo cálido, transportándonos a la Cartagena de antaño. Cada cucharada de su sancocho de mondongo es un viaje a través de su historia, una historia que se refleja en sus ojos brillantes, que ha logrado convertir su restaurante en un faro de esperanza, un lugar donde el amor se cocina a fuego lento y se sirve con una generosidad infinita, uniendo a la comunidad cartagenera alrededor de su mesa.

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¿Cómo hacerle frente a la nueva estrategia de guerra con drones?

A nivel global, se vive el temor por la llegada de un nuevo tipo de amenaza tecnológica: el uso de drones con fines criminales. Esto es resultado de los innegables avances tecnológicos en la industria de los drones, que han significado aplicaciones no solo en el Sector Defensa, sino en otros campos, como la industria cinematográfica, agrícola, y catastral, entre otras. Pero lo preocupante es que estos mismos avances están siendo aprovechados por quienes buscan infligir daño, incluso en situaciones de guerra como la de Ucrania, Irán, Israel, Palestina, Rusia, y en donde ambos bandos han utilizado drones. Parte de su éxito para soportar la avanzada rusa se debe al uso aeronaves no tripuladas (UAS). Localmente, ya se habla de un incremento en el uso de drones para realizar ataques. En días pasados el comandante General de las Fuerzas Militares se dirigió a sus tropas con un contundente mensaje: hay que prepararse ante posibles ataques con drones. Es por ello fundamental establecer protocolos y medidas preventivas para mitigar los riesgos asociados al empleo de drones por parte de estructuras criminales. ¿Cómo hacerle frente a esta nueva estrategia de guerra? Luis Guillermo Sandoval, CEO de BANSAT, empresa colombiana de telecomunicaciones y tecnología, resalta que en el mundo ya existen múltiples métodos de detección y neutralización/mitigación de los drones que se manifiestan como una amenaza. Los desarrollos son numerosos y se equiparan al ingenio de los atacantes, con lo cual se puede tener una parte de tranquilidad de que las herramientas frente a este peligro ya existen. Un sistema contra drones puede dividirse en dos segmentos: la detección y la neutralización. El primero, es la conciencia de una aeronave no tripulada volando en espacio restringido, los mecanismos se dividen en radares, sensores de RF que perciben la señal entre el dron y el control remoto, detección óptica (cámaras), e incluso sensores acústicos. El segundo segmento, que depende del primero (en la mayoría de los casos), incluye mecanismos que interfieren algún tipo de señal usada por el dron, desde inhibir la señal que lo controla, hasta buscar dañar su sistema de posicionamiento por GPS. Todos estos son medios no mecánicos, mientras que, dentro de los mecánicos, las alternativas son drones con redes, armamento convencional (balas, misiles) y armamento sofisticado como láseres y sistemas de energía dirigida (DEW por sus siglas en inglés). Cada solución tiene sus ventajas y desventajas, pero definitivamente los factores que se deben tener en cuenta son el nivel de efectividad, frente a la amplia variedad de drones y por supuesto, el costo. En este sentido, la desventaja es muy grande, pues esta situación surge de lo económico que resulta convertir un dron, ya de por sí barato, en un arma letal; el desbalance entre amenaza y mecanismos de defensa, desde la perspectiva económica, es desafortunadamente enorme. Al mismo tiempo, la infraestructura que está en riesgo y el peligro para las personas es de valor incalculable. La lista de escenarios donde un sistema contra drones puede ser útil es extensa e incluye también los drones recreativos y aquellos usos que no necesariamente buscan infligir daño. Los aeropuertos encabezan la lista. Este año 2024 ya se reportan varios incidentes y en el último mes se evitó por muy poco una colisión de un jet comercial con un dron. Los sistemas ya son empleados también en fronteras, centros penitenciarios y para proteger infraestructura crítica como grandes complejos de energía. Como en diferentes ámbitos, un impulsador de la tecnología contradrones ha sido la integración de sistemas de IA (Inteligencia Artificial). Sandoval resalta que las diferentes tecnologías han sido probadas y funcionan en otros países de forma eficiente, lo que encaja con las palabras del comandante de las Fuerzas Militares, cuando advierte que deben prepararse para enfrentar ataques con drones. Los sistemas contradrones se convierten en una herramienta esencial para detectar y neutralizar amenazas, lo que va en línea con la defensa de la soberanía, la independencia y la integridad del territorio nacional.

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Este era el recipiente de barro en el que los cartageneros almacenaban agua fresca antes de las neveras

En la historia cotidiana de Cartagena, la tinaja ocupó un lugar especial como un símbolo de tradición y simplicidad. Este recipiente de barro, humilde pero indispensable, fue durante décadas el guardián del agua fresca en los hogares. Antes de la llegada de las neveras, la tinaja no solo cumplía con una función práctica, sino que ofrecía un agua fría y ligeramente dulce, considerada por muchos como un auténtico manjar. Para algunos, tomar agua de tinaja era casi un ritual, un momento que evocaba calidez y arraigo. Las tinajas no estaban solas en su protagonismo; las complementaban el tinajero de barro, la tapa o un plato para proteger el agua o y el clásico vaso de metal con mango largo, perfecto para alcanzar el “elixir frío” en su interior. Este sencillo conjunto era el alma de las cocinas y patios cartageneros, donde cada sorbo parecía encerrar la frescura de tiempos más tranquilos. Aunque hoy las tinajas han sido relegadas a meros adornos nostálgicos, su papel en la vida diaria marcó a generaciones que recuerdan con cariño esos momentos sencillos pero significativos. En los mercados, como el de Getsemaní, las tinajas y sus accesorios eran protagonistas. Allí, las familias acudían no solo para adquirir este utensilio, sino también para mantener viva una tradición que conectaba con sus raíces. En los rincones de los barrios, el agua llegaba en latas o tanques, y su paso por la tinaja la transformaba en un regalo para el paladar. Esos rituales cotidianos, como el de llenar el recipiente o compartir un vaso entre vecinos, simbolizaban un sentido de comunidad que parece haberse desvanecido con el tiempo. Hoy, la modernidad ha arrasado con muchas de estas costumbres. Las neveras reemplazaron a las tinajas, las calles perdieron a los vendedores de agua y gas, y las nuevas generaciones probablemente jamás experimentarán la magia de tomar agua de una tinaja en un rincón oscuro de una casa familiar. Sin embargo, los recuerdos persisten, como testigos de una época en la que la sencillez era suficiente para encontrar felicidad en cada sorbo frío y refrescante. Fotos. A quien corresponda. Fuente. Cartagena A Capella.

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