8 años sin respuestas: empleados de la Caja de Previsión de la UdC se pronuncian

«Una lucha terrible», así describen su situación los trabajadores de la Caja de Previsión Social de la Universidad de Cartagena. Los empleados de esta organización aseguran que llevan 8 años de incertidumbre, sin una respuesta concisa sobre qué pasó con aquellos salarios, primas, ARL y vacaciones que no han sido desembolsados.

 

En una entrevista nos ampliaron más sobre su realidad, problemáticas y peticiones, como empleados que estarían siendo vulnerados sus derechos. En su mayoría, mujeres, con edades que oscilan entre los 45 a 60 años de edad, con un tiempo de servicio no mínimo a 20 años. Cabe destacar que, la mayoría ya está en edad de pensión, sin embargo, ninguno ha podido acceder a la cotización de este fondo.

 

De acuerdo con las declaraciones, esta situación tiene comienzo en el año 2015, cuando el gerente del momento, Ismael Quintero, comienza a tener retrasos en los pagos mensuales. Entre mentiras y excusas, el pago de los salarios se fueron prolongando, aun en el cambio de gerente en el 2017, con Eduardo Sayas, y en el 2018 comienza el acoso laboral: “No nos atrevíamos a denunciar, aquellos que han reclamado han sido despedidos”, narró Vilma Herrera, enfermera jefe.

 

*Los trabajadores de esta organización no se reúnen hace 4 años con el gerente, siendo ignorados. Solo recibiendo excusas como que, «los ingresos son menores a los egresos», pero en una reunión con el actual rector de la Universidad de Cartagena, William Malkún, se demostró que la institución no le debe ni un solo peso.*

 

Los afiliados han disminuido un 84% por la insostenibilidad e inviabilidad de esta, sumándole que consta con deudas a toda la red de salud regional. A pesar de las denuncias, derechos de petición y tutelas han sido impuestas, no han obtenido ninguna respuesta.

 

Esta denuncia no representa los valores, conceptos, postura, ni opiniones del periódico.

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Hatem Dasuky: la historia de un pueblo en Canadá que resucitaron los colombianos

Por Hatem Dasuky, Ex Cónsul General en Montreal, Canadá Actualmente decenas de colombianos habitan una pequeña población en Canadá llamada Sainte-Clotilde, en la Provincia de Quebec, un pueblo que estuvo cerca de desaparecer por la falta de habitantes, sin embargo, gracias a una migración controlada de colombianos y liderada por el Consulado en Montreal, el pueblo sobrevivió. Esta es una crónica sobre como a través de la diplomacia se puede transformar positivamente la vida de connacionales, escrita en primera persona por Hatem Dasuky, quien fuera Cónsul General de Colombia para las provincias del Este Canadiense, con sede en Montreal, Quebec. Esta es la historia: Comenzaba el 2006 cuando llegó al Consulado Eva López, una pereirana carismática, vibrante, llena de energía y optimismo, que irradiaba una confianza y alegría contagiosa. Eva era la Directora de  Integration communautaire des inmigrants (ICI) en Thetford Mines, Quebec, una organización que ayuda a los migrantes a integrarse a la sociedad, haciendo más llevadera su nueva vida y la de sus familias.  Me dijo que en Sainte-Clotilde, un pequeño poblado de su región, que casi no sale ni en el mapa, habían cerrado la escuela por falta de niños y la fábrica más grande que daba empleo a sus habitantes estaba trabajando a media marcha porque no había mano de obra, en pocas palabras, el pueblo de 500 habitantes aproximadamente, moría lentamente. Su población estaba principalmente compuesta por adultos mayores porque las personas que tenían edad para trabajar activamente, prefirieron salir en busca de otros trabajos a las grandes ciudades o a los Estados Unidos, donde pagaban mejor. Mientras ella me contaba, pasaban por mi mente las familias de compatriotas que desfilaban por el consulado contándome sus penas y necesidades, como la dificultad para conseguir trabajo, para acceder a un crédito, el costo de vida tan alto en Montreal, etc. Entonces le propuse a Eva que me iba a poner en la tarea de buscar unas buenas familias, con niños pequeños, que estén interesadas en dejar la ciudad para irse al campo, pero primero yo quería ir a la región, conocer el pueblo, hablar con las autoridades y explorar cuáles serían las condiciones en las que estarían nuestros connacionales. Viajé a la semana siguiente, Eva me presentó al Alcalde de Sainte-Clotilde, me llevó a ver la escuela que estaba cerrada, recorrimos las pocas calles del pueblo, estaba tan entusiasmada como yo. Se trataba ni más ni menos que cambiar para siempre la vida de varias familias colombianas residentes en Canadá. La escuela pública me impresionó, era de primera categoría, tenía unas locaciones impecables, pupitres nuevos y una dotación que no tenía nada que envidiarle a las más costosas de las escuelas privadas de cualquier país de América Latina. Regresé a Montreal con la ilusión de conseguir unas cuantas familias, que comencé a entrevistar. Los primeros que llegaban venían de zonas rurales de Colombia, desplazados por la violencia, por lo que podrían gustarles la propuesta, pero temía que el frío los asustara. Debía decirles que era un lugar para trabajar y los niños estudiar, justo para familias, no era un destino de diversión para jóvenes estudiantes o personas solteras. Luego de escoger unas 10 familias que en promedio comprendían 40 niños, armamos un viaje a la región para que ellos vieran si les gustaba y aquel sería el lugar apropiado para sus nuevas vidas. Llegamos primero a la escuela, no se sabía quienes estaban más contentos, si los nuevos migrantes, los profesores o yo. Luego fuimos a la fábrica que estaba trabajando a media marcha y nos dimos cuenta que los trabajos eran manuales que requerían poco entrenamiento, incluso una familia que tenía una panadería en un barrio de Cali, pensó en montar una para hacer pandebonos y repostería colombiana. Días después el sueño se cumplió. La escuela abrió y se llenó de alegría, en las calles aledañas donde reinaba el silencio, se escuchaba la risa de los niños jugando, los abuelitos del pueblo salían sorprendidos a ver a sus nuevos vecinos y la fábrica que estaba a punto de cerrar comenzó a entrenar mano de obra nueva y no les digo como quedaron esos pandebonos en la nueva panadería ubicada en la calle principal. El alcalde me dijo:  “los colombianos resucitaron Santa Clotilde”.

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¿Recuerdas el antiguo Muelle de los Pegasos? El lugar de los jugos gigantes y los patacones con queso

El Muelle de los Pegasos, un rincón emblemático para los cartageneros de antaño. Antes de convertirse en el puerto turístico que es hoy, con yates y barcos zarpando hacia las islas, este lugar era conocido por sus kioscos donde se vendían jugos servidos en enormes vasos de aluminio y los famosos patacones con queso.  Era común ver a amigos y familias reunidos, disfrutando del fresco aire mientras compartían largas conversaciones y un buen jugo de níspero o zapote. Aquellos que vivieron esa época aún recuerdan con nostalgia cómo los vendedores ofrecían jugos dobles, llenando el vaso y esperando pacientemente a que se terminara para desocupar lo que quedaba en la licuadora. Los patacones, cortados en grandes pedazos rectangulares, eran una delicia que pocos podían resistir. Sentarse en los banquillos altos, observar el movimiento del muelle y saludar a conocidos se volvía parte de la rutina diaria de muchos. Hoy, el Muelle de los Pegasos ha cambiado su rostro, transformándose en un lugar de tránsito para turistas, pero para muchos cartageneros, sigue siendo un lugar cargado de recuerdos.  Foto 1. A quien corresponda. Foto 2. Foto 3. Archivo El Universal.

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Profesores de Bolívar son investigados por presuntamente tener varios cargos públicos y violar la ley

Cinco docentes de Bolívar están siendo investigados por la Procuraduría General de la Nación por presuntamente haber ocupado simultáneamente dos cargos públicos, en violación del artículo 128 de la Constitución. Siendo así, los profesores, que trabajaban en la Universidad de Cartagena y en colegios distritales, habrían recibido dos asignaciones salariales por sus empleos en el sector público. Según la normativa, ningún servidor público puede desempeñar más de un cargo ni recibir múltiples salarios provenientes del tesoro público, salvo en situaciones específicas contempladas por la ley. De esta manera, los docentes involucrados no habrían cumplido con las excepciones legales, lo que ha generado la investigación por parte de la Procuraduría. En ese sentido, La Procuraduría Regional de Instrucción de Bolívar ha formulado cargos por una falta grave, señalando que los docentes actuaron con intención al incumplir las disposiciones constitucionales.

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Juez ordena el reintegro de Wilson Torres: el vigilante de hotel en Barú que fue despedido por alimentar a perritos

Tras el despido injustificado de Wilson Torres, vigilante que fue despojado de su cargo por alimentar a perritos que habitan a inmediaciones del hotel Decameron Barú fue reintegrado a su puesto de trabajo. La decisión se da, una vez un juez constitucional considerarael despido como injustificado y desproporcionado. El caso, que generó mucha controversia entre la comunidad animalista y dentro del sindicato Hocar. Por su parte, el presidente del sindicato a nivel nacional, celebró la decisión judicial y aseguró que sienta un precedente clave para la defensa de los derechos laborales. Tomada la decisión, Wilson Torres ha sido reintegrado a su cargo y ya está realizando funciones. Hasta el momento, no se conoce ningún tipo de pronunciamiento de parte de la empresa hotelera.

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Irene Martínez, la reina de la música tropical que dejó un legado en las fiestas de noviembre

Irene Martínez, una de las figuras más representativas de la música de la Costa Caribe colombiana, nació el 31 de diciembre de 1923 en el corregimiento de Gamero, jurisdicción del municipio de Mahates, en Bolívar. Su legado musical sigue vivo gracias a la magia de su voz, que logró inmortalizar éxitos que hoy son clásicos de la música popular, como «La bomba», «Mambaco», «Se va, se va» y muchos otros. A pesar de haber nacido en una época donde las mujeres raramente se destacaban en el ámbito musical, Irene supo abrirse paso con determinación y talento. Aunque su carrera despegó cuando ya se encontraba cerca de los 60 años, su impacto fue inmediato. Integró el grupo Los Soneros de Gamero, donde su voz poderosa y cálida se convirtió en la esencia del conjunto, dándole un lugar preeminente en la historia de la música de la región. El camino al éxito no fue sencillo. En sus primeros años, Irene y su grupo lucharon por conseguir apoyo en una industria musical que no siempre estaba dispuesta a reconocer su talento. Después de meses de tocar puertas, lograron grabar su primer disco, El Lobo en una pequeña empresa discográfica casi desconocida. Esta canción, que rápidamente se convirtió en un éxito, fue uno de los primeros temas que sonó en Radio Reloj de Caracol y, poco después, en todas las emisoras del país. La Costa Caribe, especialmente, la adoptó como una de sus grandes voces, y sus discos se vendían como pan caliente. A partir de ese momento, el repertorio de Irene Martínez se llenó de éxitos populares que resonaron en cada fiesta y celebración, no solo en la región Caribe, sino en toda Colombia. Temas como A pilar arroz, Rosa, Mambaco, Se va, se va, El negro negrito, El ron está sabroso, La penca y Adelina fueron solo algunas de las más de 200 canciones que dejó grabadas en 17 discos de larga duración. Estas composiciones no solo marcaron la pauta de la música tropical, sino que se convirtieron en himnos de la alegría y la fiesta en la región. El reconocimiento a su labor fue contundente. Irene Martínez fue galardonada en cuatro ocasiones con el prestigioso Congo de Oro en los Carnavales de Barranquilla, y durante muchos años fue declarada «fuera de concurso», un reconocimiento que subraya la trascendencia de su música y su influencia en la cultura del Caribe colombiano. Irene Martínez, con su pasión por el canto y su dedicación incansable, dejó un legado que sigue vivo en cada rincón de la Costa Caribe. Su voz sigue siendo un símbolo de la tradición musical colombiana, un legado que continúa emocionando a nuevas generaciones y que demuestra que el arte y la gloria no tienen edad. Fuente. Radio nacional de Colombia

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