ESAP se une a la Velatón Nacional por la liberación de estudiante secuestrado

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La Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) en Bolívar, Córdoba, Sucre y San Andrés Isla se sumó a la Velatón Nacional para exigir la liberación de René Alfonso Garavito, secuestrado hace cinco meses en la vía entre Tame (Arauca) y Hato Corozal (Casanare).

En el transcurso del acto simbólico, liderado desde Manizales por el director nacional de la ESAP, Jorge Iván Bula Escobar, la directora territorial, Karina Martínez Viloria, expresó un mensaje contundente: «Ninguna causa justifica el secuestro, ninguna bandera puede sostenerse sobre el dolor y la incertidumbre de una familia».

Numerosas organizaciones nacionales e internacionales han respaldado la petición de la ESAP para obtener pruebas de supervivencia y lograr la liberación de Garavito por medios pacíficos.

«A quienes lo retienen, les decimos con firmeza: devuélvanlo sano y salvo, permitan que vuelva a su hogar, a sus estudios, a su vida “, expreso Martínez, en una transmisión simultánea desde las 16 sedes de la ESAP en el país.

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"Ferro" llega a conquistar la industria musical con su nuevo sencillo

“Animal” de Ferro: el sencillo que fusiona Ritmos y revoluciona el reggaetón

El joven artista colombiano Ferro, de 28 años, lanza “Animal”, un tema que promete romper barreras en la industria musical al mezclar los ritmos africanos con el reggaetón. Disponible en todas las plataformas digitales, este sencillo se destaca por su frescura y originalidad, buscando redefinir los estereotipos del género urbano. Ferro, quien dejó atrás su carrera de ingeniería industrial para seguir su pasión por la música, se consolida como solista tras una trayectoria compartiendo escenarios con grandes exponentes del reggaetón. Con «Animal», su propuesta va más allá de la música: invita a una conexión orgánica y vibrante con el sonido, reflejando la esencia de los seres humanos. Con este lanzamiento, Ferro no solo pretende conquistar la escena local, sino también expandir su arte a nivel internacional, siempre fiel a su principio de crear desde el corazón.

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La historia musical de Cartagena: un viaje a través del tiempo y la cultura

Cartagena de Indias, un lugar donde el mar y la historia se entrelazan, ha sido durante siglos un hervidero cultural. Desde los tiempos precolombinos, la música ha desempeñado un papel fundamental en la vida de sus habitantes. En la antigua aldea de Kalamarí, los indígenas kalamaríes ya celebraban su conexión con la naturaleza a través de danzas y cantos, creando un legado musical que se ha mantenido vivo hasta hoy. La denominación ‘kalamarí’ podría interpretarse como ‘territorio costero importante’, lo que refleja la riqueza cultural y natural de esta región. Lea también: ¿Sabías que Cartagena de Indias tuvo un nombre muy distinto antes de llamarse así?  Con la llegada de los españoles en 1533, la música en Cartagena experimentó un cambio significativo. Don Pedro de Heredia, al fundar la ciudad, trajo consigo nuevos ritmos, instrumentos y tradiciones musicales. La introducción de la música religiosa se hizo evidente con la llegada de trompetas, clarinetes y tambores, que animaban las procesiones y celebraciones religiosas. Los nativos continuaron con sus danzas ancestrales, dando lugar a una fusión musical que combinaba lo indígena y lo europeo. El siguiente capítulo en la historia musical de Cartagena se escribió con la llegada de los esclavos africanos. Su influencia fue crucial en la conformación de una identidad musical rica y diversa. Estos nuevos habitantes aportaron sus tradiciones, instrumentos y ritmos, creando una mezcla vibrante de sonidos que enriqueció aún más el panorama musical. Los tambores de diferentes tamaños se convirtieron en elementos esenciales en la música cartagenera, y la cumbia emergió como un género representativo de esta fusión cultural. Durante las festividades de la Candelaria, que se celebraban en la colina de la Popa, diversas clases sociales se reunían para disfrutar de la música y el baile. Estas celebraciones promovían la convivencia entre grupos sociales, desde los españoles hasta los afrodescendientes, creando un espacio donde los ritmos africanos, indígenas y europeos se entrelazaban en un lenguaje musical común. En el siglo XX, la música de Cartagena continuó evolucionando. Compositores como Lucho Bermúdez desempeñaron un papel crucial en la popularización de la música costeña, llevando ritmos tradicionales a salones y escenarios nacionales. Sus obras, como ‘Salsipuedes’ y ‘La Cumbia Cienaguera’, hicieron que la música de Cartagena resonara en todo el país y más allá. A través de la creación de Discos Fuentes, se promovieron músicos locales, lo que ayudó a consolidar la identidad musical de la región. Le puede interesar: Discos Fuentes, el trampolín para numerosos artistas que se han convertido en íconos de la música latina Entre las figuras más emblemáticas de la música cartagenera se encuentra Joe Arroyo, quien nació en 1955 y se convirtió en un referente de la música afrocaribeña. Su estilo único fusionó ritmos como la salsa, la cumbia y el porro, lo que lo llevó a alcanzar reconocimiento internacional. Canciones como ‘La Rebelión’ y ‘En Barranquilla Me Quedo’ no solo cautivaron al público colombiano, sino que también resonaron en escenarios internacionales, convirtiendo a Arroyo en un embajador cultural de Cartagena y su música. Su legado perdura, inspirando a nuevas generaciones de músicos y amantes de la música afrocaribeña. Hoy en día, la música de Cartagena sigue siendo un reflejo de su rica historia cultural. Los festivales, como el Festival de Música de Cartagena, celebran la diversidad musical de la ciudad y brindan un espacio para que artistas emergentes y consagrados compartan su arte. La cumbia, el porro y la salsa continúan siendo géneros predominantes, mientras que nuevos estilos y fusiones enriquecen la escena musical. Las raíces musicales de Cartagena son profundas y variadas, y su evolución a lo largo de los siglos muestra la resiliencia y la creatividad de su gente. Desde las danzas indígenas hasta la música contemporánea, cada nota y ritmo cuenta la historia de una ciudad que, a pesar de sus desafíos, ha sabido preservar y celebrar su rica herencia cultural. Fuente. Portus Online.

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Donde el viento también enseña a amar

Crónica desde La Guajira, en el marco del Festival Francisco el Hombre Fui a La Guajira buscando información y detalles del nacimiento, de la historia de una leyenda vallenata, quería tener más tiempo para perderme en el desierto y que el viento desordenara mis cabellos y regrese a casa llena de cuestionamientos, con preguntas nuevas sobre el amor, si realmente había amado y existían otras formas de amar a la pareja.. Las preguntas llegaron cuando visité la ranchería Iwouyaa, donde Vanessa, su líder, nos recibió. Nos recibieron con chirrinchi, friche, preparaciones típicas de la cultura Wayuu, nos pidió acomodarnos en las hamacas dispuestas para nosotros y mientras, nosotros nos relajamos y balanceaban, ella de pie, frente a nosotros, durante casi 2 horas nos compartió cada detalle de su etnia, cuando llegó el momento de hablar del Amor de pareja, los acuerdos, la procreación, sentí que algo en mí —algo antiguo y urgente— se removía. La Ranchería se encuentra a solo 2 kilómetros de la Riohacha, la capital de la Guajira, el viento es poderoso y el sol potente, encontré más que un paisaje exótico: encontré una cultura que resiste sin hacer ruido. La cultura wayuu no se exhibe. Se revela en gestos, en silencios, en tejidos que cuentan historias más profundas que cualquier discurso. En la hamaca, bajo la sombra escasa y risas discretas, empecé a entender una forma distinta de ver el mundo. Y, sobre todo, de entender las relaciones humanas. Me hablaron del amor, pero no con las palabras que solemos usar. No había promesas eternas, ni ideas de sacrificio, dependencia, y menos de fidelidad por parte del hombre, ya que tiene permitido tener varias mujeres y hogares, viven en un sistema poligamo. En la estructura social wayuu, el amor de pareja no se coloca por encima del amor al clan, ni mucho menos sobre la autonomía individual. La figura del hombre como “visitante” dentro del espacio femenino rompe con el imaginario patriarcal que muchas hemos interiorizado sin cuestionar. El hogar pertenece a la mujer. El linaje es materno. Y el poder no se grita: se ejerce. Esa forma de vivir el amor, más comunitaria, más consciente, menos centralizada en la pareja como destino final, me confronta. Me hizo revisar las veces que confundí el amor con la entrega absoluta, con el romanticismo, con el silencio que se traga los límites. Yo también he negociado mi voz, pero ese día, sentada entre mujeres wayuu que hablaban con firmeza y ternura a la vez, entendí que existe otra manera de amar: una que no duele, que no exige renuncia, que no doméstica el deseo ni la voluntad, que escoge la protección de ella, su tierra y su familia. El Caribe, mi Caribe, se me reveló más ancho. No solo como un lugar geográfico, sino comoforma de habitar el mundo. Lo vi en los ojos de esas mujeres que han sabido resistir al extractivismo, al machismo, al olvido institucional. Ellas, que no esperan ser salvadas por nadie. Ellas, que enseñan sin imponer. Mientras, el Festival Francisco el Hombre, vibraba en las noches: la música, los versos, los tambores, la competencia, paralelo a un agenda cultural con pasarela de moda, desfiles de bailes y conciertos con grandes artistas nacionales. Volví de La Guajira distinta. No iluminada, no resuelta, pero sí más curiosa sobre ese misterio llamado Amor. Más firme en la intuición de que el amor no tiene que doler para ser verdadero. Que no todo vínculo es destino. Y que, a veces, hay que alejarse del ruido del mundo para escuchar la voz de lo esencial. El Amor se aprende, esa frase dicha por la lideresa de la ranchería, quedó retumbando en mi, está haciendo su revolución. Foto: Christian Ramírez Festival Francisco El Hombre El departamento de la Guajira cumplió 60 años y el Festival Francisco el Hombre celebró su Décimo séptima versión. Crecimos escuchando, sobre todo en el caribe colombiano que había un hombre que viajaba por todos los corregimientos con su acordeón, que era el mejor, enamoraba con sus notas y sus cantos, hasta que un día se encontró con un contrincante que lo hizo dudar de su talento, era al diablo. Una noche, rodeados de un gran púbico se enfrentaron, el diablo al tener ventaja al usar sus maleficios iba ganando el duelo. Francisco el Hombre, tuvo una revelación, se le ocurre cantar el credo al revés y sale vencedor. Francisco el Hombre si existió de verdad, no es una leyenda. Galán es un pueblo localizado a 45 min de Riohacha, donde nació la Leyenda viva. John Jairo Luque Brito es un Galanense ,soñador , apropiado de su cultura y desde hace 10 años se ha dado a la tarea de que su pueblo donde era oriundo Francisco Rada Batista (1907-2003) Francisco el Hombre, tenga el reconocimiento que se merece, por tal razón se formó como guia de turismo y poco a poco ha puesto en el mapa la tierra natal del hombre que le da nombre a uno de los Festivales más importantes de Colombia. Francisco una leyenda contemporánea, uno de los últimos juglares vallenatos, nace en Galán por los infortunios de la vida, en una época donde las gentes viajaban de un lugar a otro buscando mejores oportunidades, sus padres que eran de otro pueblo llamado Moreno, la capital del comercio, fueron desplazados a Galán por un siniestro provocado por las comunidades Wayuu, estos al verse invadidos por arijuna (nombre que le dan los wayuu a los que no son de su etnia). Luque Brito, tiene un gran sueño y trabajo por delante que ya ha tomado forma, con el apoyo de artistas como Angel Acosta, artesanos e investigadores, desarrollaron la museología para el que será el museo Francisco el Hombre en su pueblo natal. Además, logró regresar el monumento que habían llevado a Riohacha y ahora instalarán en la gran plaza Francisco el Hombre, otro sueño el cual se construirá en terreno que ha sido donado por él y personas del común. Luque

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Los indios de Cartagena: el primer equipo en consagrarse campeón del béisbol profesional en toda Colombia

Los Indios de Cartagena se consolidaron como el equipo más popular de la costa caribe y de toda Colombia, dejando una huella en la historia del béisbol profesional. Desde su creación en 1948, los Indios no solo fueron un equipo; se convirtieron en un símbolo de identidad y orgullo para los aficionados de la ciudad heroica. La prensa nacional se vio obligada a aprenderse los nombres de sus gloriosos peloteros, cada uno con apodos que resonaban como presagios de su leyenda: “Chita” Miranda, “Petaca” Rodríguez, “Fantasma” Cavadía, y muchos más. conoce más sobre el primer estadio de béisbol cerrado de Cartagena En sus inicios, los Indios se alzaron como campeones del primer torneo de béisbol en Colombia, repitiendo la hazaña en 1950 y 1952. Este éxito cimentó su estatus como la franquicia más recordada durante la primera etapa del béisbol colombiano. Después de un periodo de inactividad que abarcó de 1958 a 1979, el equipo resurgió, coronándose nuevamente campeón en 1980/81 y logrando su último título en 1987/88, antes de una segunda desaparición que duró hasta 1993. El equipo vivió una tercera etapa de competencias desde 1996 hasta 2002, alcanzando la final en tres ocasiones sin obtener el título. En 2007, los hermanos Jolbert y Orlando Cabrera revivieron la franquicia al adquirir los Tigres de Cartagena y renombrarlos como Indios, con Tommy Thompson como mánager, un vínculo que unía el pasado con el presente. ¿Te gustaría saber más sobre la Serie Mundial de Béisbol Amateur de Cartagena? Los Indios de Cartagena han logrado mantener su legado sin duda, los Indios no son solo un equipo de béisbol; son la verdadera pasión del Caribe colombiano y del país entero.

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Este era el emblematicó club de Cartagena que fue visitado por un presidente de Estados Unidos

Fundado en 1911 por Vicente Martínez Recuero y su esposa Tulia Martelo, el Club Popa fue un emblemático espacio social en Cartagena, caracterizado por su hermosa edificación de madera de estilo tropical antillano. Este club, que ofrecía amplios salones, mesas de billar y canchas de tenis, se convirtió en un punto de encuentro fundamental para la élite cartagenera. Los primeros socios del Club Popa eran todos miembros del exclusivo Club Cartagena, lo que le confería un aire de exclusividad. Además, se convirtió en la sede obligada de eventos significativos, como los bailes del concurso de belleza y las Fiestas de la Candelaria, donde la etiqueta era rigurosa: caballeros en esmoquin y damas con elegantes vestidos largos. Un hito importante en la historia del club ocurrió en 1934, cuando Franklin Roosevelt, el primer presidente de los Estados Unidos en visitar Cartagena, fue agasajado en sus salones por el presidente colombiano Enrique Olaya Herrera, consolidando su prestigio en el ámbito social y político. Sin embargo, la tragedia golpeó al Club Popa en 1951, cuando un devastador incendio consumió casi en su totalidad la estructura. Aquella mañana, las campanas de La Ermita sonaron más temprano de lo habitual, anunciando la lamentable pérdida. Pese a que se salvaron algunos objetos valiosos, como una obra del artista Enrique Grau, las cenizas se esparcieron por los alrededores, marcando el final de una era. El club fue reconstruido en mampostería, pero nunca recuperó su antiguo esplendor. En 1971, cerró sus puertas y, siguiendo el destino de muchas mansiones del vecindario, fue demolido, dando paso a un conjunto residencial. Así, el Club Popa, que una vez fue símbolo de elegancia y exclusividad, se desvaneció en la memoria colectiva de Cartagena, dejando un legado de recuerdos y nostalgia en su comunidad.

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A 9 años del descubrimiento del galeón San José: el «tesoro» oculto en aguas del Caribe que se disputan Colombia y España

El San José, era un galeón español construido para transportar las riquezas del “nuevo mundo” de regreso a España, mismo que naufragó en 1708 en las costas de la región Caribe, específicamente en las aguas del Atlántico , tras un ataque del comodoro inglés Charles Wager. Desde su hundimiento, tuvieron que pasar más de 300 años para finalmente localizarlo, a través de una alianza público-privada entre el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICAMH), la Armada Nacional y un comisionado de científicos internacionales. Se estima que las riquezas que movilizaba la embarcación podrían rondar los veinte mil millones de dólares, entre toneladas de oro, plata, joyas, piedras preciosas, armas y porcelana china. Por su parte, Colombia reclama el tesoro como parte de su patrimonio nacional, alegando que se encuentra en sus aguas territoriales, mientas que España sostiene que el galeón era un barco de guerra español, lo que le hace “barco de estado”, y por lo tanto es patrimonio español. Asimismo, la comunidad Qhara Qhara de Bolivia, ha presentado reclamaciones, explicando que toda la riqueza del galeón, les fue saqueada por los españoles y Sea Search Armada (SSA), una empresa estadounidense, también reclaman derechos sobre el mismo, insistiendo en que lo ubicó con más anterioridad en la década de los 80’s. Lo cierto, es que la situación jurídica es compleja, ya que, a pesar de haber transcurrido nueve años desde la localización del tesoro, La Haya aún no emitido un veredicto, lo que sigue generando incertidumbre entre las partes involucradas.

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