Periodista, exdiplomático.
Álvaro Uribe ya ganó, está más vigente que nunca y se convirtió en el centro del debate nacional, gracias a la persecución judicial que viene padeciendo, pero además, así quedo demostrado el domingo pasado (14 de julio) cuando logró reunir la mayoría de candidatos, de varias tendencias, en un conversatorio sobre seguridad, que se prolongó por casi cuatro horas, consolidando el gran poder de convocatoria que expresidente alguno pueda tener.
A pesar de estar retirado del ruedo político y capoteando procesos judiciales, Uribe nunca ha dejado de torear. El Lawfare en su contra no logró debilitarlo como ha querido la izquierda colombiana, sino que por el contrario, le ha dado nueva vida a sus tesis y a su propia imagen, lo ha fortalecido frente a sus rivales y terminará saliendo en hombros después de clavar unas cuántas banderillas.
En un país donde el juicio político suele pesar más que el jurídico, Uribe convirtió su defensa en su nueva tarima. Mientras intentaban “sepultarlo” políticamente y anularlo públicamente, él se revitalizó y se convirtió de nuevo en un símbolo, en el muro de contención capaz de frenar en seco el avance de la izquierda en Colombia, manteniendo vigente su poder de convocatoria, marcar agenda, opinión y movilización en torno a sus ideas.
Su vigencia electoral sigue teniendo la capacidad de transferencia de sus votos, como lo ha demostrado en elecciones anteriores como la de Santos 2010, quien nunca hubiera sido presidente sin el guiño de Uribe, tal vez por esa razón muchos candidatos de esa corriente que en el pasado le dieron la espalda a Uribe, hoy lo buscan para obtener su bendición.
Con cara o con sello ya Uribe ganó y vuelve a poner presidente en el 2026.
Esta es una columna de opinión. No contiene conceptos, posturas ni opiniones del periódico.











