Por Alvaro Morales

“Mi ideal más querido es el de una sociedad en la que todos vivamos en armonía…”, Nelson Mandela.

Si este actual Concejo Distrital de Cartagena, el que remplazaremos en las elecciones del próximo octubre de 2023, se hubiera dedicado a cumplir con su misión, la de ser una corporación que coadministra la ciudad junto con el gobierno distrital, una Corporación que debe procurar, junto con la administración, el progreso de la ciudad en vez de haberse tornado en una Corporación camorrista, pendenciera, entonces muy diferente, probablemente, sería la situación de Cartagena.

Si este Concejo de Cartagena en vez de dedicarse a confrontar y a pleitear permanentemente con el alcalde, y además, tergiversar el buen sentido de lo que la Constitución y las Leyes le entregaron para ejercer el control político y la potestad de cuestionar la gestión gubernamental y aplicar mociones de censura, otra fuera la ciudad que tendríamos.

Este Concejo, viudo de burocracia y de contratos con esta administración distrital, posible razón para hostigar y acosar a los secretarios de despacho a los que en gavilla y de forma vengativa le asestan sin consideración la figura de la moción de censura para incomodar y desestabilizar al gobierno, ha hecho de esta Corporación una entidad que se ha atravesado en el camino del desarrollo de la ciudad.

Si en vez de todo ese perverso proceder los concejales, se hubieran dedicado, en su condición de coadministradores, a proponer soluciones a la movilidad, a la inseguridad, al traslado del mercado de Bazurto, al saneamiento de los cuerpos internos de agua, a la erradicación de la prostitución y el microtráfico en el Centro Histórico de la ciudad, a proponer formulas financieras para fortalecer a Transcaribe, a proponer fórmulas para el control del servicio turístico que prestan los coches, etc, otra sería nuestra ciudad.

Con esta actitud ha quedado demostrado que lo que menos le importa a los concejales
de Cartagena, es la ciudad.

La invitación es a que en las próximas elecciones sepamos elegir. No elijamos a Concejales que aspiran a llegar a esta Corporación Pública buscando el provecho propio, el particular, el suyo, y no el de la ciudad. No nos sirve un Concejo con concejales camorristas y fanfarrones…
Finalmente, una herramienta como la moción de censura y como el control político mal empleado, en manos de unos concejales como los actuales de Cartagena, inspiran para que se revisen estos instrumentos de control a nivel legal y constitucional.Si este actual Concejo Distrital de Cartagena, el que remplazaremos en las elecciones del próximo octubre de 2023, se hubiera dedicado a cumplir con su misión, la de ser una corporación que coadministra la ciudad junto con el gobierno distrital, una Corporación que debe procurar, junto con la administración, el progreso de la ciudad en vez de haberse tornado en una Corporación camorrista, pendenciera, entonces muy diferente, probablemente, sería la situación de Cartagena.

Si este Concejo de Cartagena en vez de dedicarse a confrontar y a pleitear permanentemente con el alcalde, y además, tergiversar el buen sentido de lo que la Constitución y las Leyes le entregaron para ejercer el control político y la potestad de cuestionar la gestión gubernamental y aplicar mociones de censura, otra fuera la ciudad que tendríamos.

Este Concejo, viudo de burocracia y de contratos con esta administración distrital, posible razón para hostigar y acosar a los secretarios de despacho a los que en gavilla y de forma vengativa le asestan sin consideración la figura de la moción de censura para incomodar y desestabilizar al gobierno, ha hecho de esta Corporación una entidad que se ha atravesado en el camino del desarrollo de la ciudad.

Si en vez de todo ese perverso proceder los concejales, se hubieran dedicado, en su condición de coadministradores, a proponer soluciones a la movilidad, a la inseguridad, al traslado del mercado de Bazurto, al saneamiento de los cuerpos internos de agua, a la erradicación de la prostitución y el microtráfico en el Centro Histórico de la ciudad, a proponer formulas financieras para fortalecer a Transcaribe, a proponer fórmulas para el control del servicio turístico que prestan los coches, etc, otra sería nuestra ciudad.

Con esta actitud ha quedado demostrado que lo que menos le importa a los concejales
de Cartagena, es la ciudad.

La invitación es a que en las próximas elecciones sepamos elegir. No elijamos a Concejales que aspiran a llegar a esta Corporación Pública buscando el provecho propio, el particular, el suyo, y no el de la ciudad. No nos sirve un Concejo con concejales camorristas y fanfarrones…
Finalmente, una herramienta como la moción de censura y como el control político mal empleado, en manos de unos concejales como los actuales de Cartagena, inspiran para que se revisen estos instrumentos de control a nivel legal y constitucional.