La sonda espacial Voyager 1 volvió a establecer comunicación con la NASA después de una interrupción de aproximadamente 48 horas que generó preocupación entre los responsables de una de las misiones más longevas de la exploración espacial. La agencia informó el 29 de octubre de 2026 que dejó de detectar la señal de la nave durante dos intentos programados de comunicación, realizados los días 18 y 19 de octubre. El contacto se restableció el 20 de octubre y, desde entonces, los equipos técnicos han mantenido comunicación con la sonda mientras investigan qué provocó el incidente. La nave se encuentra a unos 24.000 millones de kilómetros de la Tierra, en el espacio interestelar.
La interrupción coincidió con un periodo en el que los ingenieros trabajan para prolongar la vida útil de la misión, que comenzó en 1977. En septiembre, el equipo completó una operación denominada ‘Big Bang’, mediante la cual apagó tres dispositivos y los sustituyó por alternativas de menor consumo energético. El cambio busca reducir la demanda eléctrica de la nave y permitir que sus instrumentos científicos continúen funcionando durante más tiempo. La maniobra requirió que las modificaciones se realizaran de manera coordinada para mantener la distribución adecuada del calor y evitar que los sistemas de la sonda se vieran afectados por las temperaturas extremas del espacio.
Las Voyager obtienen electricidad mediante generadores termoeléctricos de radioisótopos, que convierten en energía el calor producido por la desintegración del plutonio. Sin embargo, a medida que disminuye el material radiactivo disponible, las sondas pierden alrededor de cuatro vatios de potencia cada año. Por esa razón, la NASA ha tenido que apagar progresivamente algunos equipos y priorizar los instrumentos que todavía pueden aportar información científica. La misión fue lanzada con diez instrumentos especializados, pero varios han sido desactivados con el paso del tiempo para administrar los recursos energéticos disponibles y mantener operativos los sistemas esenciales.
La agencia también explicó que la pérdida temporal de señal pudo estar relacionada con un cambio automático en el sistema de propulsión. Un grupo de propulsores dejó de funcionar y sus unidades de respaldo entraron en operación, después de que los computadores de la nave detectaran una posible anomalía. Este mecanismo de protección permite que la sonda adopte una configuración estable mientras los ingenieros analizan el problema. Pese a las dificultades propias de una misión que lleva casi medio siglo en funcionamiento, Voyager 1 continúa siendo una fuente excepcional de información: junto con Voyager 2, es una de las únicas naves que han estudiado directamente el espacio interestelar, más allá de la región dominada por el viento solar.









