La lógica en la vida cotidiana, ¿Criterio necesario para pensar correctamente?

“El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona”, Aristóteles (384 AC- 322 AC)

Por Andrés David Marín Pacheco  

En víspera de año nuevo, muchas personas nos vemos en la situación de evaluar las metas trazadas o proyectos, si se cumplieron o no, y sobre todo, si el proceder de nuestras actuaciones en el día día durante el año fueron motivadas por principios racionables, lógicos y coherentes, es decir, si pensamos de la manera correcta.  Esto nos dirige a un espacio de reflexión donde la lógica (formal y material) cumple un papel fundamental para comprender el arte de comprender vivir correctamente en el mundo que nos rodea.

Lo anterior nos conduce a los siguientes interrogantes ¿Qué entendemos por lógica? ¿Influye la misma en nuestro proceso de pensamiento? ¿Nos sirve como herramienta para ser mayores de edad o a pensar por sí mismo?

El concepto de lógica, al igual que muchos otros conceptos filosóficos, durante la historia ha enfrentado el problema de la ambigüedad y vaguedad, motivado por las diferentes doctrinas, teorías e interpretaciones que han intentado darle un significado concreto. Tal es el caso del teólogo y filósofo San Agustín, el cual la define como “El arte que enseña el método para alcanzar la verdad», o para Kant quien la describe como “La ciencia de las leyes necesarias del entendimiento y de la razón». Lo que si es cierto, es que es una disciplina que estudia los actos del pensamiento humano que se desenvuelven en nuestra vida como seres pensantes, enseñándonos a diferenciar un argumento válido de uno invalido, o falso de uno verdadero, evitando incurrir de esta manera en falacias.

En la vida cotidiana esta herramienta (la lógica) es totalmente útil para tomar decisiones o fundamentar pensamientos acertados, es decir, es utilizada para evitar cometer errores y alcanzar razonamientos críticos y validos en cuanto a uno mismo o el contexto circundante de cada individuo, razón por cual, hay que incorporarla como un habito o estilo de vida, y no como una mera herramienta que se puede desechar cuando ya no se persigue un fin filosófico en nosotros.

Quien separa esta disciplina de la vida cotidiana está pasando por alto la fuente de lógica más importante y el medio en el que desarrolla como ser. La filosofía y la lógica como rama de ésta, surgen para explicar el mundo y a nosotros mismos (nuestro mundo interior y pensamientos), por tanto, creer que se puede entender a la lógica sin el mundo y sin nuestro sentir, o al menos actuar como si se creyera así, no permite relacionar a la lógica como una herramienta significativa en nuestra vida como seres pensantes.

En este orden, la precitada disciplina actúa como esta especie de puente normativo que une nuestro fórum interno con el externo y evita que comerciemos con monedas falsas en nuestros pensamientos.  El saber lógico nos permite desarrollar nuestro proceso de pensamiento y alcanzar un mayor grado de perfección sobre en la esfera de lo que significa ser Homo Sapiens u hombre racional, ayudándonos armar juicios sanos, convincentes, fluidos, y sobre todo fuertes criterios de argumentación a la hora de debatir, libres de toda emoción y estimo personal.

Así las cosas, la labor de la lógica en términos del gran Immanuel Kant nos permite salir de la minoría de edad, lo cual implica combatir toda superstición y prejuicio; de allí que la ilustración nos enseña a alumbrar el género humano con la luz del pensamiento racional.

En términos castizos: “La lógica nos invita a no estar pensando ni hablando carreta”.

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