¿Cómo está Cartagena actualmente?

Adrian Camilo Marrugo Palacio

Cartagena de indias es una ciudad privilegiada para ciertas actividades por su geografía, debido a que prácticamente es una península por estar rodeada por cuerpos de agua. Esta condición antes expuesta le brinda a la Heroica muchas oportunidades en diversos campos, que en gran medida ya han sido contempladas y aprovechadas, pero aún falta mayor optimización. Actualmente poseemos la mejor sociedad portuaria de Colombia y una de las mejores de Latinoamérica.

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Por otra parte, la ciudad es turística por excelencia, ya que nuestras hermosas playas y la condición de Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad (otorgado por la UNESCO), nos convierte en un destino apetecido por millones de turistas anualmente. Otras de las virtudes del distrito son el importante desarrollo industrial, el pleno desarrollo urbanístico que se viene efectuando en muchos sectores con las construcciones de viviendas, locales, centros comerciales, hoteles y demás edificaciones que siguen expandiendo el casco urbano. A su vez, podemos destacar el comercio, la economía que se genera en torno a la cultura y algunos otros sectores de generación de riqueza.

Es así como nos damos cuenta de que tenemos bastante, hemos crecido a ritmos acelerados y aún hay mucho camino por recorrer. Por su parte, el capital humano es sumamente capaz, trabajador, joven y goza de inteligencia, brillantez, astucia y muchas más cualidades positivas; pero lastimosamente, ha sido mal dirigido, el grueso poblacional poco educado, mal atendido en todos los sentidos y en realidad la población cartagenera ha sido privada de lo que por derecho es suyo, desde el territorio, pasando por los dineros, bienes públicos y terminando con las oportunidades.

Es aquí donde podemos comenzar a describir la otra cara de la moneda, ya que en Cartagena conviven dos situaciones que lógicamente convergen en muchos puntos, sumiéndonos en el atraso, la ineficiencia y la falta de optimización. El crecimiento en materia económica es sumamente positivo, pero la “piedra en el zapato” es que todo lo bueno que antes mencionamos, es gozado por una cantidad irrisoria de ciudadanos e inversores que le están sacando todo el provecho posible a la ciudad, mientras que el resto no goza de la misma suerte. Presentamos una problemática social gigantesca, y la desigualdad que existe es preocupante, las cifras son escalofriantes y escandalosas, que día tras día en vez de mejorar, empeoran. Muchos viven de una forma deplorable, esperando que algún día esta situación cambie. Quiero dejar algo en claro, y es que no precisamente hay que quitarles a los ricos para darle a los pobres, o hacer que “los ricos sean menos ricos”, lo único que se debe, es hacer que los pobres sean menos pobres. En una ciudad como Cartagena, este desafío se puede afrontar, porque las oportunidades son muchas, pero hay que aprovecharlas, y propender precisamente por no perder lo que nos hace especiales.

La ciudad se encuentra en una de las peores crisis de su historia, donde el principal culpable y protagonista es la corrupción, que salpica por una parte a muchos dirigentes y servidores públicos; mientras que por la otra, a muchos ciudadanos que no sienten pertenencia por la ciudad, votan incorrectamente por motivos y propósitos distintos e indignantes; otros simplemente se abstienen a participar de los asuntos políticos y del desarrollo de la ciudad, porque creen que nada de esto les incumbe.

El Genesis de toda esta situación, posiblemente lo encontramos en las desilusiones políticas que se han vivido en estas últimas décadas, y también en los escándalos de corrupción que han penetrado negativamente en las personas. Tantos han sido los cambios en la administración local, que ya han sido 11 mandatarios los que en tan solo 6 años han pasado por la alcaldía; eso sin mencionar la situación del Concejo de la ciudad.

Este cáncer que tanto ha desgastado a Cartagena ha traído consigo el descontento general en todos los sectores de la comunidad. Actualmente, más de 300 mil cartageneros se encuentran en condición de pobreza, lo cual trae consigo un sin número de males como; la inseguridad, la drogadicción, la informalidad laboral, abuso sexual de menores, entre muchos otros.  El desorden que existe en la planeación de la ciudad ha influido para empeorarlo todo. Los problemas sociales se han convertido en un problema mayoritario y las arcas del estado se han vuelto la fuente de riqueza para unos pocos que llenan sus bolsillos a costa de una inminente destrucción del pueblo. En pleno siglo XXI hay personas en la urbe que no cuentan con alcantarillado, otros ni siquiera con agua potable en sus casas y por consiguiente continúan sin gozar de los avances que la sociedad ha tenido en materia tecnológica, educativa, medica, entre otras.

Muchos problemas nos agobian, el sistema de electricidad deficiente, la falta de una educación con buena cobertura y de excelencia, entre muchos otros que aportan y demuestran esa falta de desarrollo y oportunidades que no nos permitan salir adelante. Es triste que muchos ciudadanos ya estén acostumbrados a proyectos pequeños, o hasta que le acepten al gobernante “que robe pero que haga” y creen que todo seguirá así por mucho tiempo.

Hay muchos desafíos que sortear en temas indispensables como la educación, la cultura, el deporte, todo lo cual necesita de un profundo cambio y apoyo gubernamental para poderse desarrollar óptimamente, solo de esa manera lograremos un cambio permanente para las generaciones venideras. Tenemos grandes retos que deben ser afrontados, tales como la lucha contra la pobreza, la reducción de la informalidad laboral y la tasa de desempleo, a su vez debemos solucionar nuestros problemas ambientales; por otra parte, proteger los principales atractivos turísticos.

Debemos como ciudadanos incentivar el crecimiento de todos nuestros sectores económicos, y hallar la forma de que esa diversidad económica de la cual gozamos se vuelva realmente provechosa para todos. Otro aspecto que es realmente preocupante es la organización en muchas facetas, como por ejemplo el transporte vehicular, tanto el público como el particular, por diversas razones de infraestructura y estructurales. La salud también merece un tratamiento de cambio urgente y se hace menester que se lleve directamente a los estratos más pobres y deprimidos de la comunidad de manera directa. Otros efectos de la “tragedia” causada por la ingobernabilidad de la ciudad son los muchos megaproyectos que están estancados, incumpliéndole así a la ciudadanía; y por otra parte vemos también como se “pasan la ley por la faja” con las normas urbanísticas, por diversos factores como la falta de autoridad de la administración, la corrupción, etc.

Hemos perdido tiempo, confianza y es por eso por lo que los cartageneros ya no creen en las promesas que hacen sus dirigentes, los cuales simplemente colmaron su paciencia y destruyeron el sentido de la gobernanza y la democracia. Estos mercaderes de la política han incentivado a cientos de miles a abstenerse de ejercer su derecho al voto, y a muchos otros a ejecutarlo por razones indignas que en nada favorecen a la comunidad, llevándonos así a la autodestrucción y a una “auto sumisión”. En conclusión, la ciudad se encuentra en un estado deplorable, de subdesarrollo, de falta de gobernabilidad y de estancamiento; somos un simple pueblo con edificios, que, a pesar de tener diversidad de sectores económicos, no hemos sido capaces de proyectar nuestro desarrollo.