Por Julio Bermúdez 

Muchas ideas y preguntas, que se convierten en columnas como esta, vienen de situaciones del día a día. Esta historia comienza porque con mi papá teníamos la costumbre de visitar a su tío el día de las elecciones. Este tío abuelo falleció un 8 de abril, un día después de mi cumpleaños, en el 2018. Este año, después de ir a la iglesia y votar como de costumbre, fuimos a visitar a su viuda para saludarla a ella y otros familiares. De regreso a casa mi papá me preguntó “¿será que mucha gente si salió a votar?”. Esa pregunta, que fue la que me motivó a escribir este texto, se quedó en mi cabeza hasta llegar a la casa. ya la jornada culminada tenía la respuesta a la pregunta de mi papá. Con una participación del 54,9% del censo electoral, unas 21,4 millones de personas de 39 millones, más o menos, fueron las que votaron. Lo que quiere decir que no votó el 45,1%, unas 17 millones de personas, cantidad para nada despreciable, teniendo en cuenta que casi ningún departamento de la costa caribe pasó del 50% de participación.

Me da la impresión que, en el imaginario popular se piensa que la democracia se reduce a la simple acción del voto, cuando la democracia es mucho más que eso. Sin embargo, el abstencionismo es muy grande teniendo en cuenta que el ejercicio de votar es uno de los pocos mecanismos de injerencia directa que tiene cada ciudadano para poder influir en el poder político del país. Entonces, ¿Qué podemos hacer?

Para responder a este cuestionamiento hay que analizar este fenómeno, el cual es un tema recurrente en el escenario democrático colombiano. Una razón para poder entender el por qué se da esta situación lo brinda el concepto de la racionalidad del voto, que en pocas palabras quiere decir que tan costoso es ir a votar. Cuando hablamos del costo, se desprenden muchos factores. El que primero se vendría a la cabeza es el económico, ¿Cuánto me voy a tener que gastar en pasajes?, si me gasto la plata en ir y venir no voy a tener para x o y (costo de oportunidad). Otro factor son los costos de transacción, que consiste en todas las pequeñas acciones y aristas que me van a llevar a tomar mi decisión final, un ejemplo sería la fila a la hora de votar, la lluvia, el calor inclemente o resolver bajo qué cuidados dejo a la persona que tengo a cargo en casa. Y un último factor sería el de principios y/o valores, que se puede ver en los siguientes dilemas: ¿Qué tanto valoro la democracia?, ¿Qué tan importante para mí es la política?

Para aterrizar más la idea y comprenderla mejor quiero compartir otra pequeña historia de mi vida. Un amigo colocó un tweet preguntando “¿Por qué entre más bajo el estrato más aumenta el abstencionismo en las mesas de votación?”. Teniendo en cuenta el párrafo anterior, se podría pensar a priori que votar implica un alto costo pues los recursos económicos son limitados, los puestos de votación en zonas vulnerables son muy incómodos y mal adecuados, y puede haber una desconexión y falta de identidad democrática al ser ciudadanos que muchas veces son olvidados por la clase política.

Desde otro punto de vista, pero siguiendo el mismo concepto, una persona puede abstenerse de votar como acción legítima y democrática, pues dentro de su racionalidad no se identifica con ningún candidato o con el sistema en general. Y por último, teniendo en cuenta el segundo factor, hacer que un poco más de 39 millones de personas voten todas en  un  mismo  día,  en  un  rango  de  8 de la mañana  hasta  las  4 de la tarde,  teniendo  en  cuenta  todas  los diferentes inconvenientes que se pueden presentar, es una tarea titánica; es más, ya que voten 21 millones es una hazaña.

Es por eso que las reglas de juego el día de las elecciones deberían cambiar para hacer más fácil ir a votar. El transporte en día de elecciones debería ser más barato o buscar alguna alternativa para poder movilizar a la gente, y que la única manera no sea si algún político los lleva. Otra solución es ampliar los días de votación, como en otros países que la jornada electoral dura una semana. Y la última solución es de índole estructural, tenemos que hacer la democracia más atractiva e incluyente, de tal manera la gente pueda identificarse mejor con los valores democráticos y quizá así pueda bajar el abstencionismo en el país.

Y antes de terminar, al llegar al edificio donde vivo, después de llegar de visitar a la tía de mi papá, le pregunté al portero que estaba en turno, Luis a quien por costumbre llamamos lucho, que por quién había votado, y respondió que no pudo ir a votar porque entro a las 6 de la mañana y sale a las 6 de la tarde, y así como lucho hay muchos colombianos a quienes les es muy caro ir a votar.

*Columna de opinión. Las opiniones no representan los valores, conceptos y/o postura del periódico.