Por Adriana Caraballo Gomez

Estudiante de Derecho de la Corporación Universitaria Rafael Núñez.

Martha Nussbaum es una de las escritoras y filósofas contemporáneas más relevantes de nuestra época. Nació en Estados Unidos de Norteamérica, doctora en filosofía de la Universidad de Harvard y especialista en las áreas de Filosofía Antigua Griega, Romana y Filosofía Moral, Ética y Política, tomando como eje central sus teorías es el estudio de las humanidades.

Frente a las condiciones sociales que deben existir en un territorio para establecer una paz verdadera, la precitada pensadora parte en primer lugar, en que los gobiernos y Estados convengan en generar espacios educativos enfocados en la paz como construcción social, tarea para la cual es indispensable escenarios educativos y comunitarios, los cuales tiene un gran potencial para ser multiplicadores (Del Pozo, 2018). Lo anterior, se puede lograr haciendo un análisis sobre las capacidades humanas, esto es, mirar “lo que las personas son realmente capaces de hacer y de ser” (Gough, Nagore y Silva, 2007, p. 3.).

Para la precitada autora, existen tres tipos de capacidades humanas:

  1. Básicas: que son el equipamiento innato de la persona que sirve de base para subdesarrollo adicional.
  2. Internas: que son las aptitudes de una persona desarrolladas mediante la atención y la crianza que haya recibido.
  3. Individual: que es verdaderamente importante garantizar para que una sociedad pueda considerarse aceptablemente buena.

Cabe establecer, que dichos postulados de Nussbaum coinciden con ciertos razonamientos de Amartya Sen, quien define los funcionamientos como partes del estado de una persona que son valiosos porque significan bienestar como tal.

Estos postulados invitan a enfocar la mirada desde una propuesta de transformación social, en las capacidades de las personas que conforman una comunidad, las cuales constituyen las posibilidades que tienen para ser, pensar y actuar, movilizando así su realidad hacia un estado de mayor bienestar. De esta manera se forjan las condiciones para que exista una paz estable, social y duradera.

Se puede concluir que las capacidades o potencialidades que una comunidad puede identificar en sí misma, constituyen un recurso vital para impulsar la construcción de paz en los territorios.