Por Angie García Taborda


Hay algo que nos pasa a los escritores que estamos iniciando, de un momento a otro nos entra un espíritu de inspiración eterna, caminamos por esa playa Caribe o el caño Mojana o el río Magdalena sin voces que perturben, sus sonidos son los cantos de la musa. Es perfecto el acto de escribir, lo que me preocupa es cuando hay un maldito bloqueo como la frontera y pared invisible en un espacio con poco oxígeno (de la película Divergente).

Escribir es un camino complejo, es una guerra de voces que estuvieron ocultas durante mucho tiempo, de hecho, nunca se quedan en silencio. Es unir las voces, tanto las que callan como las que gritan, como consecuencia se despierta el espíritu y vuela hacia el primer instante de la libertad, la plenitud y la soledad que flota en un océano aunque parezca desconocido.

Con la escritura puedo comprender la belleza del silencio y la oscuridad, a pesar de que suenen los tambores del peligro, camino profunda y meditativa. 

Por otra parte, debo decirles que tengo un especial problema que es el de cambiar abruptamente de temática. De modo que, díganme por favor que no soy la única que a veces quiero cazar fantasmas porque me aburren los humanos.

Escritores, ¿por qué me entran ganas de suicidarme cuando escribo en un lenguaje sencillo?   

Escritores, ¿por qué corrijo tanto mis textos? 

¿Por qué a veces me da miedo escribir? 

¿Por qué tengo una obsesión con la fama y no me concentro en leer? 

¿Dios me envió alucinaciones para escribir?

¿Por qué olvido lo que leo?

¿Por qué cuando leo uno de mis textos, no creo que haya sido la que lo escribió?

¿Por qué cuando escribo un texto y no lo he terminado ya quiero empezar otro? 

Y por último, quiero saber como ustedes disfrutan la vida, puesto que, un requisito para ser un gran escritor es vivir la vida, salir, caminar, llorar, reir, follar, bailar, otra vez follar, pasear, nuevamente follar, etc. Pero, demonios, lo que abunda en este miserable mundo es maldad y sufrimiento, ¿Escribiré siempre sobre la oscura realidad y los mundos fantásticos que imagino? Amo contar historias, pero, siempre las que más duelen, la política, un vómito que se comen muchos pensando que es machucho de carne salada con suero, la salud mental, un ejército de ratones de laboratorio, el proceso de paz, un montón de lobos haciéndose pasar por caperucita, los virus, la nueva y eterna guerra mundial, las quimio, la terapia más trágica, las corralejas, a los que deberían poner a pelear deben ser a las bestias de los que crean y promueven esa actividad. Díganme ¿Hay alguna forma de vivir tranquilamente con todo esto?

Si escribo la historia de un artista, un poema o canción de amor, allí está la miseria humana, de vuelta al polvo, a la nada y hallo locura, así como muchos genios se han convertido en basura, no creo en el amor y si creyera, me aburriera de escribir sobre ese tema o terminaría convirtiéndome en Luis Fonsi, Alejandro Sanz e incluso el que más me duele Ricardo Arjona, que ya su música no sirve ni para planchar porque se me quema la ropa de lo malas que son las canciones, es una metáfora, yo nunca he planchado.

El mundo nos corrompe, es lo que digan los medios no nosotros, las letras de amor siempre han sido un desastre, <<No puedo dejarte de amar>> <<No puedo vivir sin tu amor>> eso sí es patético.

Escribir canciones cristianas no me va a convertir en una persona feliz, tal vez me convierta en lo peor, en alguien que quiere tener poder y más poder de una forma inevitablemente obsesiva, si escribo sobre el perdón, no me convierte en una santa, porque puedo juzgar a los demás y creerme superior o perfecta como los escritores, conferencistas y consumidores de superación personal,  eso es típico de los coaches  y que algunos andan en caminos raros como las sectas satánicas.

Insisto en que escribir sobre el amor no me convertirá en una optimista y mujer feliz. Toda la vida nos han entretenido y dormido con tonterías mientras hay guerras entre países que cada vez se debilitan, porque es débil quien crea la guerra y es débil quien responde a ella, nadie es fuerte, tal vez lo sean los que dialogan pero dialogar es difícil; gritar y protestar, atrae más vandalismos y muertes que una solución real.

Acudimos a la violencia en todo, en el amor porque nos apegamos, el apego es dañino, la guerra o violencia contra nosotros, ya nos estamos haciendo un daño grave, acudimos a la guerra si abrazamos una vez en el día a nuestros hijos porque no les dedicamos tiempo, esa también es otra forma de violencia, y lo más doloroso, hemos tenido que pasar por muchas guerras para civilizarnos un poco, faltan muchas más para disminuir la corrupción.