Hernando Rafael Gil Díaz es un odontólogo egresado de la Universidad de Cartagena con múltiples especializaciones en el exterior, que atiende en un consultorio fuera de lo particular, en el que incluso los más pobres pueden acceder a servicios de primer nivel.

Gil Díaz desarrolló sus estudios de posgrado en Buenos Aires, Argentina. Es especialista del Instituto Ateneo Argentino en Disfunción de la articulación temporomandibular, Ortopedia y Ortodoncia. También es subespecialista del Hospital Pediátrico Doctor Garra en atención especializada al fisurado y a las malformaciones craneofaciales.

Después de sus cinco especializaciones, hizo varios cursos de la Asociación Latinoamericana de Ortodoncia en Argentina, Brasil y Chile. Posteriormente, se ganó el puesto de profesor en el Instituto Ateneo Argentino.

El arduo esfuerzo para culminar sus títulos en el exterior hizo que Hernando valorara mucho todos sus logros y está agradecido con Dios por ellos. Toda esa gratitud se exteriorizó y se volvió una responsabilidad a partir de una promesa por cumplir tras su primer año en Argentina.

“Yo no tenía dinero para volver el segundo año. Después de venir a pasar vacaciones con mi familia, le prometí a Dios que si me permitía terminar mi especialización, le retribuiría esa ayuda en Colombia, contribuyendo con los más necesitados. Y, tras mucho esfuerzo y sacrificio, Él me permitió terminar la especialización”.

Después de 12 años residiendo en Argentina, regresó en 2001 a Colombia. Llegó para trabajar como profesor del posgrado de Ortodoncia en la Facultad de Odontología de la Universidad de Cartagena; pero, más que nada, para materializar su promesa de trabajo con la población necesitada de la ciudad. Hernando siempre ha sido consciente del pacto que había hecho con Dios y sabía que empezarlo lo antes posible le permitiría dar una mayor retribución a la comunidad.

Con los ahorros de su primer trabajo como profesor en Argentina, intentó crear una fundación para empezar su labor. Le quiso poner el nombre de su padre: Hernando Rafael Gil Arroyo. Dos veces intentó hacer el trámite y en ambas ocasiones le rechazaron la solicitud por falta de fondos de respaldo. Sin embargo, buscó la manera de hacer la obra social sin la necesidad de crear una fundación.

Y así lo hizo. A partir de junio del 2004, el Doctor Gil abrió su consultorio con labores de fundación para atender a aquellos que necesitan de un tratamiento y ‘no tienen con qué pagar’. Realiza tratamientos de ortodoncia con precios muy bajos.

“Los pacientes ponen el precio, tanto la cuota inicial como la mensualidad, según lo que puedan”, señala.

Comenta que en la experiencia que tuvo coordinando dos clínicas como profesor de maestría, a pesar de que se manejaban precios módicos, de cada 10 pacientes de escasos recursos que llegaban a consulta, máximo dos se realizaban el tratamiento.

A las personas que no tienen condiciones para pagar el valor real de un tratamiento les ofrece los mismos materiales, las mismas ganas y el mismo amor que le entrega a las personas que pueden pagar pleno el plan.

“No puedo cobrarle lo mismo al hijo de una empleada de servicio que al de un gerente de banco; sin embargo, los trato con el mismo amor y rigor profesional”, afirma.

En efecto, Hernando Gil atiende desde hijos de empleadas domésticas, cocineras, vigilantes y vendedores ambulantes, hasta los de jueces, ingenieros, médicos, directivos de empresas y gerentes de instituciones financieras.

“Yo me crié en un barrio donde habían diferencias económicas, pero todos nos tratábamos por igual. Entonces, si yo los veía igual, no entendía por qué unos merecían Niño Dios y otros no”, enfatiza.

Dios responde

El Doctor Gil siente que Dios está respondiendo por el cumplimiento de su promesa y resume ese sentimiento con una premisa: “por cada paciente que atiendo de forma desinteresada, Dios me premia con muchos pacientes con capacidad de pago”.

De cara al futuro, se visiona haciendo lo mismo y por los mismos.

“La ortodoncia es mi alimento y me llena mucho. La sonrisa de un niño es lo más bonito y me hace muy feliz. Por tanto, mientras haya menores de escasos recursos, yo los seguiré atendiendo”.

Dice que si todos aportáramos un grano de arena, desde nuestras diferentes profesiones, los problemas de las personas de escasos recursos en Colombia serían más livianos.

“Las lágrimas se me salen cuando veo la mejoría en la sonrisa de un niño después de un tratamiento y el bienestar psicológico que trae el hecho de que puedan reírle en la cara al bullying que le hacían”, explica.

Afirma que su función social será todos los días, “hasta que me muera”.

“Le pido a Dios que me envíe muchos pacientes de escasos recursos al consultorio, porque ayudarlos me llena de satisfacción y porque generarles un cambio es un motor grandísimo que me motiva a seguir trabajando”, puntualiza.

 

 

 

Sus aliados

Tres profesionales constituyen un soporte importante en la labor social del Doctor Hernando Gil Díaz, a quienes sería injusto dejar de mencionar. Son ellos: Clara Roa, Sabas Guzmán y Jaime Villafañe.

Clara Roa es una destacada fonoaudióloga que trabaja en el consultorio del Doctor Gil. Cumple una labor muy importante: les enseña a los niños a tragar, entrenando la lengua para evitar problemas de mordida.

Sabas Guzmán es un reconocido cirujano maxilofacial que a los pacientes de escasos recursos remitidos por Hernando Gil les realiza cirugías a precios especiales y, en ciertos casos, hasta sin cobrar.

Y Jaime Villafañe es un prestigioso odontólogo que trabaja con el sistema de salud pública de Cartagena y cuando atiende a pacientes sin afiliación a Eps los envía al consultorio del Doctor Gil para que puedan tener su tratamiento.