El encuentro del río Magdalena con el mar Caribe, uno de los paisajes naturales más representativos de Barranquilla, se prepara para convertirse en un nuevo corredor turístico y recreativo. El proyecto de transformación del Tajamar Occidental de Bocas de Ceniza contempla una inversión total de aproximadamente $378.000 millones y busca intervenir cerca de cinco kilómetros de esta infraestructura. El 30 de octubre de 2026, durante el inicio de los trabajos, el presidente Abelardo De La Espriella anunció que el Gobierno Nacional aportará $100.000 millones para financiar obras complementarias a través del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y Fontur.
La intervención contempla una transformación del espacio para facilitar el acceso de residentes y visitantes a uno de los puntos donde se encuentran el río Magdalena y el mar Caribe. Entre los componentes anunciados están senderos peatonales, plazoletas, miradores, zonas comerciales y espacios gastronómicos. También se proyecta la construcción de una segunda playa, un faro y la prolongación del recorrido del tren turístico hasta Bocas de Ceniza. La propuesta busca diversificar la oferta recreativa de Barranquilla y generar nuevos espacios para el disfrute del paisaje, además de ampliar las posibilidades de aprovechamiento turístico de un sector que históricamente ha estado relacionado con la actividad portuaria.
El proyecto también incorpora un componente social y económico dirigido a las comunidades que desarrollan actividades en el entorno del tajamar. La construcción de espacios para pescadores artesanales y establecimientos comerciales pretende integrar a estos trabajadores a la nueva dinámica turística. Según los anuncios divulgados durante el inicio de las obras, la intervención podría generar alrededor de 1.500 empleos directos e indirectos. Esta cifra corresponde a una proyección de generación laboral y no a puestos que ya estén ocupados. La iniciativa tendrá que establecer mecanismos para que los trabajadores tradicionales puedan participar en las nuevas oportunidades sin perder su relación con el territorio.
La ejecución de las obras plantea un desafío particular porque el Tajamar Occidental cumple una función importante para la actividad portuaria de Barranquilla. Por ello, la transformación turística deberá mantener las condiciones necesarias para el funcionamiento de esta infraestructura y garantizar la seguridad de las actividades que se desarrollan en el sector. De acuerdo con el anuncio presidencial, el proyecto tendría un plazo de ejecución de un año. Su resultado podría ampliar considerablemente los atractivos de la capital del Atlántico, pero también dependerá de la conservación del entorno natural, la operación del tren turístico y la capacidad de mantener los espacios comerciales y recreativos una vez finalice la construcción.







