El envejecimiento de la población, la caída de la natalidad y los elevados costos funerarios están transformando una tradición centenaria. Algunas familias optan por sepulturas ecológicas, mientras otras convierten los restos de sus seres queridos en esculturas religiosas.
En Japón, despedir a un ser querido se ha convertido en un desafío económico para miles de familias. Los altos costos de los funerales, sumados al envejecimiento de la población y la disminución de los nacimientos, están llevando a los japoneses a buscar nuevas formas de honrar a sus muertos sin comprometer sus finanzas.
Durante generaciones, los rituales funerarios estuvieron vinculados a los templos budistas y a la responsabilidad de los descendientes de conservar las tumbas familiares. Sin embargo, cada vez hay menos personas disponibles para asumir estos compromisos, lo que está impulsando cambios en las costumbres del país asiático.
Un funeral y una tumba pueden costar casi el 60 % del salario anual
De acuerdo con una encuesta nacional realizada en 2024, un funeral en Japón cuesta en promedio 1,2 millones de yenes, aproximadamente 7.600 dólares, una cifra equivalente a una cuarta parte de los ingresos brutos anuales de un trabajador promedio.
A este valor se suman los gastos de la lápida, la parcela y el cementerio, que pueden alcanzar otros 1,52 millones de yenes, cerca de 10.000 dólares. En conjunto, los gastos pueden representar casi el 60 % del salario anual promedio.
Además, las familias deben asumir pagos periódicos por el mantenimiento de las sepulturas y las ceremonias religiosas, obligaciones que tradicionalmente pasan de una generación a otra.
Entierros bajo árboles: la alternativa que gana popularidad

Una de las prácticas que está tomando fuerza es el jumokusō, conocido como entierro arbóreo. Consiste en depositar las cenizas o los restos óseos de una persona junto a un árbol o en un espacio natural destinado para este propósito.
Según una encuesta de 2022, esta modalidad representaba más del 40 % de las nuevas sepulturas en Japón.
En Tokio, algunos cementerios públicos ya ofrecen espacios similares a pequeños bosques, donde los restos cremados se depositan en bolsas de seda. Esta alternativa permite reservar un lugar con anticipación y evita que los familiares tengan que pagar mantenimiento de manera indefinida.
Esculturas de Buda hechas con restos humanos
Otra tradición particular es la elaboración de los llamados kotsubotoke, esculturas de Buda fabricadas con restos cremados de numerosas personas.
Para crearlas, los fragmentos óseos se pulverizan hasta convertirse en un material fino que posteriormente se utiliza para moldear las figuras religiosas.
Aunque es una práctica poco frecuente, algunos templos budistas todavía la mantienen como una manera de dar descanso colectivo a los difuntos.
Familias japonesas también están cerrando tumbas antiguas
Otra alternativa es el hakajimai, un procedimiento mediante el cual las familias cierran definitivamente sus sepulturas tradicionales y trasladan los restos a espacios funerarios comunitarios.
Con esta decisión, los descendientes dejan de asumir los gastos de conservación y las responsabilidades asociadas a las tumbas familiares.
La transformación ocurre en un país donde prácticamente todos los fallecidos son cremados. Según los datos recogidos en el análisis, entre el 99,7 % y el 99,9 % de las personas que mueren en Japón pasan por este procedimiento.
Una tradición que cambia por la crisis demográfica
La profesora de estudios religiosos Mimi Hanaoka, de la Universidad de Richmond, explica que estas transformaciones no significan necesariamente que los japoneses estén abandonando el respeto por sus antepasados.
Por el contrario, las familias están buscando maneras de conservar ese vínculo mientras se adaptan a una sociedad con menos nacimientos, más adultos mayores y mayores presiones económicas.
Así, Japón está redefiniendo una de sus tradiciones más arraigadas: la forma de despedir a los muertos y mantener viva su memoria.










