En 1884, cuatro marineros quedaron a la deriva tras un naufragio. La desesperación llevó a tres de ellos a alimentarse del cuerpo de un joven de 17 años, pero lo que ocurrió después abrió uno de los debates judiciales más importantes de la historia: ¿se puede justificar un asesinato para salvar otras vidas?
Una historia ocurrida hace más de 140 años vuelve a generar interés por el dilema moral y jurídico que planteó. En 1884, cuatro tripulantes de una embarcación británica quedaron atrapados en medio del océano, sin alimentos ni agua potable. Después de varios días luchando por sobrevivir, uno de ellos asesinó al integrante más joven del grupo, cuyo cuerpo fue utilizado como alimento por sus compañeros.
El caso, conocido como Regina contra Dudley y Stephens, terminó convirtiéndose en una referencia del derecho penal. Su historia fue reconstruida por el periodista y abogado Adam Cohen en su libro La cena del capitán, sobre el que habló recientemente en una entrevista con Infobae.
Un naufragio que terminó en tragedia
Todo comenzó el 19 de mayo de 1884, cuando el yate Mignonette partió de Southampton, Inglaterra, rumbo a Australia. A bordo viajaban cuatro hombres: el capitán Thomas Dudley, el primer oficial Edwin Stephens, el marinero Edmund Brooks y Richard Parker, un joven grumete de apenas 17 años.
El 5 de julio, una fuerte tormenta destruyó la embarcación y obligó a sus ocupantes a refugiarse en un pequeño bote salvavidas.
Sin provisiones y expuestos al sol, el hambre y la deshidratación, los sobrevivientes comenzaron a perder las esperanzas de ser rescatados.
La situación empeoró cuando Parker enfermó después de beber agua de mar. El 25 de julio, el capitán Dudley decidió matarlo para que los demás pudieran alimentarse de su cuerpo.
Según la reconstrucción histórica, los otros tres hombres consumieron parte de sus restos. Cuatro días después, una embarcación los encontró y los rescató.
Confesaron lo ocurrido porque creían que no serían castigados
Al regresar a Inglaterra, los sobrevivientes contaron lo sucedido sin intentar ocultarlo.
Consideraban que habían actuado bajo una antigua costumbre marítima que, en determinadas circunstancias extremas, toleraba el sacrificio de una persona para garantizar la supervivencia de las demás.
Sin embargo, las autoridades británicas interpretaron los hechos de manera diferente y decidieron iniciar un proceso judicial.
Edmund Brooks, quien se había opuesto al asesinato, terminó convirtiéndose en testigo de la acusación. Por su parte, Dudley y Stephens fueron procesados por la muerte del joven.
El juicio despertó una discusión que trascendió las fronteras británicas: si varias personas están a punto de morir, ¿tienen derecho a quitarle la vida a una de ellas para salvarse?
La justicia rechazó el asesinato como método de supervivencia
En diciembre de 1884, el tribunal concluyó que encontrarse en una situación de extrema necesidad no justificaba asesinar deliberadamente a una persona inocente.
Dudley y Stephens fueron condenados inicialmente a morir en la horca. No obstante, la reina Victoria conmutó sus penas y finalmente ambos cumplieron seis meses de prisión.
La decisión se convirtió en un precedente fundamental del derecho penal inglés y en una referencia para los debates jurídicos sobre los límites de la necesidad como defensa frente a un homicidio.
El fallo estableció que la desesperación y el deseo de sobrevivir no bastaban, por sí solos, para justificar la muerte intencional de otra persona.
¿Por qué escogieron al más joven?
Uno de los aspectos que más llama la atención de esta historia es que la víctima fue Richard Parker, quien tenía apenas 17 años, era huérfano y ocupaba el cargo más bajo dentro de la tripulación.
En su entrevista con Infobae, Adam Cohen cuestionó por qué el capitán no se ofreció como sacrificio o por qué los hombres no recurrieron a un sorteo, como contemplaban algunas antiguas prácticas marítimas.
Para el escritor, la historia también permite reflexionar sobre la manera en que las personas más vulnerables pueden terminar pagando las consecuencias de decisiones tomadas por quienes tienen mayor poder.
La extraña coincidencia con Edgar Allan Poe
El caso guarda una coincidencia literaria que continúa despertando curiosidad.
Décadas antes del naufragio del Mignonette, el escritor estadounidense Edgar Allan Poe había publicado una novela en la que varios náufragos terminaban recurriendo al canibalismo. En esa historia, la víctima también se llamaba Richard Parker.
La coincidencia fue retomada posteriormente por el escritor Yann Martel en La vida de Pi, donde el tigre que acompaña al protagonista durante su naufragio recibe precisamente ese nombre.









