El 28 de junio de 1953, dio inicio la historia de Lee, un exsoldado surcoreano que fue capturado por tropas chinas quienes luchaban junto a Corea del Norte.
Todos, menos tres de su escuadrón, murieron aquel día; cuando apenas comenzaba la batalla de Arrowhead Hill, y a menos de un mes de que la Guerra de Corea pusiera fin a la violencia.
Mientras lo subían a él y a los otros dos sobrevivientes a un tren de carga, Lee supuso que se dirigían a Corea del Sur. Inesperadamente para el surcoreano, el tren cambió hacia el norte, llevándolo a la mina de carbón de Aoji, lugar donde se vio obligado a trabajar durante 54 años
Tras ser despojado de su título militar, fue forzado a excavar buscando carbón, trabajo que para el era insoportable, pero en realidad, lo más difícil fue presenciar muertes constantes.
Tanto así que un día, su mano quedó atrapada en una máquina para procesar carbón y así perdió sus tres dedos, situación que para el no fue impedimento, ya que logró maquinar su propia fuga a sus 77 años, tras cruzar un río para escapar de Corea del Norte hacia China.
Pero la ausencia de paz afectó la vida de Lee, y las de sus compañeros de prisión y sus familias. Así mientras Corea del Norte y Corea del Sur celebran 70 años de la firma del acuerdo, en realidad las historias de estas personas nos recuerdan que la Guerra de Corea sigue vigente.












