Cartagena, con su encanto histórico y cultural, también guarda memorias de personajes inolvidables, como “Hollín”, el apodo de un singular hombre que convirtió sus extravagancias en parte de la identidad de la ciudad. Proveniente de San Juan Nepomuceno, Hollín llegó a Cartagena para convertirse en una figura reconocida, no solo por su negativa al agua y su aspecto siempre cubierto de suciedad, sino también por el carisma que lo conectó con los cartageneros. Era común verlo en el Portal de los Dulces o recorriendo las calles del Centro Histórico, donde sus ocurrencias eran celebradas por todos. A diferencia de otros “locos” famosos como Arturo, conocido por su comportamiento belicoso, Hollín era un hombre pacífico que, en medio de su excentricidad, encontró aliados como el periodista Ramón Ladrón de Guevara. Este empresario y hombre de radio logró convencerlo de abandonar su aversión al baño durante las festividades de noviembre. En esos días, Hollín se transformaba en “Hollín Bond”, una parodia del famoso agente británico, vistiendo smoking y recorriendo la ciudad en un camión decorado, patrocinado por marcas locales como “Súper Nacar”. Su imagen incluso protagonizó anuncios en importantes diarios de la época. La vida de Hollín no solo fue una muestra de cómo el humor y la creatividad podían integrarse en la cotidianidad de Cartagena, sino también un reflejo de la generosidad de una ciudad que lo acogió con cariño. Poemas y sonetos escritos en su honor, como los de Carlos Villalba Bustillo, capturan el impacto cultural que este personaje dejó en la memoria colectiva. Hoy, Hollín es un recordatorio de una Cartagena donde hasta la locura tenía estilo y profundidad, un legado que los “locos” de antaño dejaron en el corazón del Corralito de Piedra. Fotos. A quien corresponda. Fuente. Cartagena A Capella.