“Denle a cada uno lo que se merece…al que deban honor, ríndale honor…” Romanos 13:7

Por Álvaro Morales de León

No puede ser honorable quien no honrando su interpretación se aparta de todo lo que es honesto, venerable, correcto, pulcro y distinguido, y por el contrario, se hace discípulo de lo que siendo vulgar es chabacano, ordinario, rústico, grosero, podrido, putrefacto, envilecido y deshonesto; conductas o expresiones antagónicas que son un buen ejemplo sintáctico de oxímoron como figura literaria.

Desafortunadamente no pueden ser honorables los integrantes de una Corporación Pública como el Concejo Distrital de Cartagena de la cual muy a pesar que más del 97% de los cartageneros saben que existe, sólo el 20% tiene una imagen favorable de sus miembros y, naturalmente, el 80% una desfavorable por causa de sus propios, constantes e innumerables desafueros, arbitrariedades y desmanes.

De la misma forma tampoco pueden ser honorables con el 12% de imagen favorable los miembros del Congreso de la República de Colombia ni la de los diputados a la Asamblea Departamental de Bolívar de quienes dado el carácter imperceptible y ocioso de su existencia y de sus ignoradas acciones en beneficio de su jurisdicción, la hacen una Corporación Pública innecesaria que está en mora de ser extirpada del orden constitucional colombiano.

De manera curiosa, opuesta y hasta contradictoria, en el Edificio Galeras, sede permanente del Concejo de Cartagena en la calle de El Arsenal del histórico y emblemático barrio de Getsemaní el salón donde sesionan los mal llamados honorables miembros de esta Corporación Pública lleva por nombre el de una ilustre cartagenera, esa sí, honorable, la ex concejal Josefina de la Espriella de Gómez Naar.

Pero para colmo, como una grosería, afrenta y exabrupto, a este mismo recinto de sesiones, impregnado de corrupción, de malos hábitos y procederes, lo llaman dizque el salón de la democracia, como si de verdad ahí se respirara o se practicara esta doctrina política que empodera de soberanía al pueblo que libremente elige a sus representantes.

Jamás podrían ser honorables los miembros de un Concejo como el de Cartagena que de manera reiterativa replica constante y obstinadamente la forma y el procedimiento corrupto de elección de los que por un cuatrienio vigilarán el manejo de las finanzas distritales y de su propio órgano elector, así como del que en representación del ministerio público tiene la responsabilidad de la vigilancia disciplinaria y administrativa de los que están al servicio del gobierno distrital y de la Corporación que de igual forma hace posible su elección, me refiero a la Contraloría y a la Personería Distrital de Cartagena.

¿Pero como no llamar vulgares a concejales que intermedian en la contratación que hace posible el irregular y corrupto manejo de los recursos del PAE, Plan de Alimentación Escolar? ¿o a los que por dineros mal habidos y de mala procedencia, a los que llaman “libros”, venden su voto para el proceso de elección de los representantes de los órganos de control?

¿Y cómo no llamar vulgares a los Concejales que se ha hecho elegir con dineros públicos de los que de manera indebida se han apropiado durante su paso por entidades distritales? ¿o a los que sin descaro alguno tienen incrustados con contratos y ops a buena parte de sus familiares en la burocracia de los órganos de control?

¿Y qué decir de los congresistas, los parlamentarios de Colombia, a quienes no me explico como no sólo siguen llamándolos honorables sino dizque “Padres de la Patria”?

Finalmente, nos parece que no pueden ser honorables, y menos, Padres de la Patria, quienes, en pleno preámbulo electoral de manera desafortunada e irrespetuosa contra el pueblo, la institucionalidad y la constitución política, aprueban desglosando o inhabilitando el procedimiento legal que impedía la contratación pública en tiempo de elección presidencial y de congresistas.

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