“No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes…», Montesquieu.

Por Álvaro Morales de León

Con estas tres palabras podríamos resumir la caótica situación por la que pasa nuestra Colombia, situación que pareciera estar llevándola de manera ineludible hacia el fracaso total o al despeñadero; estas palabras, vergüenza, tragedia y anarquía son pues las palabras que lo resumen todo.

Como si no nos hubiera bastado con el corrupto Fiscal Anticorrupción, acabamos de conocer la penosa condena contra el ex magistrado y presidente de la Corte Suprema de Justicia, Francisco Ricaurte Gómez, y sus muy seguros 23 años de reclusión intramural que le tocará cumplir por sus faltas como servidor público, pero sobretodo como ciudadano.

En vergüenza se ha constituido igualmente el anuncio para el reinicio del juzgamiento a otro de estos ex magistrados, Gustavo Malo Fernández, de quién nadie duda que le sobrevendrá la misma suerte de su coterráneo, el también cartagenero Francisco Ricaurte.

También genera vergüenza el que con estos dos que hicieron parte de esta organización criminal incrustada en una de las máximas instancias del poder judicial conocida como “El cartel de la toga” haya otros que para esquivar el juzgamiento de sus delictivas conductas prefirieron huir del país convirtiéndose en prófugos y no responder por sus quebrantadoras actuaciones incursas en el Código Penal en especial en el acápite de los delitos contra la administración pública, como el concierto para delinquir, el cohecho propio y el tráfico de influencias.

Pero como vergüenza no podemos dejar de mencionar la conducta y el mal ejemplo del expresidente y exsenador Uribe que, para evadir a su Juez natural, la Corte Suprema de Justicia, optó por renunciar a su curul de senador para cobijarse bajo el paraguas de la Fiscalía General de la Nación, el supremo ente investigador utilizado como enroque judicial de aforados indiciados.

Y en cuanto a tragedia no podemos desconocer ni pasar por alto la vergüenza mundial que nos produce las 6.402 ejecuciones extrajudiciales conocidas de manera eufemística como “falsos positivos” que hoy, cuando continúan siendo destapados por el Tribunal de la JEP son huérfanas de autores y responsables muy a pesar que el tiempo en que tuvieron su ocurrencia se les ubica entre los años 2002 y 2010.

Pero los eufemismos de nuestras tragedias y de nuestras vergüenzas pasan también por llamar como migraciones internas, como lo hace el ex senador José Obdulio Gaviria, las desgracias que nativos, raizales y campesinos no han dejado de padecer por causa del desarraigo que sigue produciendo el conflicto interno.

Seguimos, porque las vergüenzas se irradian hasta la OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, donde se nos acaba de clasificar en el último lugar entre los países donde el empleo formal se ubica en el 49% significando con ello que cercana a la mitad, la fuerza laboral en Colombia se encuentra en la informalidad, y también nos aborda la ONG Transparencia Internacional, cuando en el pasado 2020 dentro del indicador conocido como Índice de Percepción de la Corrupción nos asigna el puesto 92 entre 180 países analizados.

Pero si de anarquía se trata, el proceso de la vacunación anticovid que actualmente se adelanta en el país es un digno ejemplo de desconcierto por ubicarnos no solamente en los últimos lugares en cuanto a los porcentajes y cubrimiento de vacunación a la población, sino, además, nos ubica dentro de los países que iniciaron de manera tardía el proceso de inmunización contra esta mortal enfermedad.

Y para cerrar, muy triste la tragedia en que nuevamente se ve incurso el ejército nacional al bombardear un campamento guerrillero sin tener en cuenta la presencia de menores de edad, enfilados contra su voluntad.

Vergüenzas, tragedias y anarquía.