“…bien sabes que muchas veces tú también has hablado mal de otros”, Eclesiastés 7:21

Por Álvaro Morales de León

No podría establecer con claridad si como a muchos colombianos el sentimiento que me ha despertado la sacada de “Trapitos al sol” entre los expresidentes Pastrana, Samper y Santos ha sido de tristeza, decepción o vergüenza cuando sin medida ni respeto alguno salen estos señores a los medios de comunicación o aprovechan cualquier escenario nacional o internacional para despacharse y ofenderse el uno al otro. ¡Que apocamiento y que manera tan baja la de comportarse quienes tuvieron la oportunidad de regir el destino del país!

Pero de esta verbal batalla de afrentas y agravios no están excluidos del oprobioso espectáculo los también expresidentes Gaviria y Uribe; y hasta el actual Iván Duque Márquez quienes no terminan de acusarse entre sí comportándose como cualquier verdulera que en la plaza de mercado pelea de manera vulgar y agresiva, como lo define el diccionario latinoamericano.

Solo es posible comprender este renovado y desquiciado comportamiento expresidencial en razón a la desaparición de la reelección presidencial con el segundo periodo de Santos, pero no a la desaparición de las ansias y ambición de poder de los expresidentes que por norma constitucional no pueden volverse a sentar en el solio del Palacio de Nariño, pero sí pueden intervenir, interferir y presionar a los gobiernos a través de amigos sentados en bancadas parlamentarias de sus afectos.

Hasta ahora, el modelo de no intervención en la vida política y publica por parte de los expresidentes en Colombia sólo lo ha cumplido el conservador Belisario Betancur Cuartas, los demás, poco o nada.

Desafortunadamente, y para desgracia de Colombia, ha sido el deseo de los expresidentes el de pretender mantenerse atornillado al poder a través de sus amigos Congresistas, a quienes utilizan para exigir cuotas de gobierno, la razón de ser de los odios y agravios.

La última diatriba expresidencial la reinició el conservador expresidente Pastrana cuando acudió ante el sacerdote Francisco de Roux, el presidente de la Comisión de la Verdad, para seguir descargando su rencor y odio visceral contra el ex presidente Ernesto Samper a quien después de casi 25 años sigue, e insiste, cual autoridad judicial, en acusarlo de haberse hecho elegir en el año 1994 gracias a los dineros sucios del narcotráfico

Insistió el expresidente Pastrana en acusar a Samper ante la Comisión de la Verdad pretendiendo reafirmarse con una supuesta carta suscrita por los hermanos Rodríguez Orejuela, presos en Estados Unidos, haciéndole entrega de la misma al padre “Pachito” de Roux con las siguientes palabras:  «Aquí dejo una carta firmada por los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela en la que afirman que Samper sí sabía de los ingresos de los dineros del narcotráfico en la campaña»; carta que no demoró en ser desmentida por los propios Rodríguez Orejuela sino que además, el delator salió “pringado” con acusaciones en su contra por los mismos motivos por los que acusa a su enemigo.

A todo esto, saltó a la palestra el expresidente Santos que para enrostrarle a Pastrana la supuesta carta de los Rodríguez Orejuela entregada a la Comisión de la Verdad buscando hundir a Samper, dijo: “lo que hizo Pastrana con Samper alguien lo catalogó como un tiro al pie, pero yo diría que fue un tiro en la sien. Pastrana se suicidó con lo que hizo…porque quedó peor que Samper chantajeando al Cartel de Cali para que su adversario político se viera perjudicado con esa carta…”, a lo que Pastrana respondió retando a Santos a un debate público sobre la financiación de sus campañas.

Por otra parte, en medio de las calenturas del debate político por la Presidencia, Sergio Fajardo que había expresado bloqueo al Partido Liberal para llegar a la Coalición de la Esperanza fue ripostado por Gaviria, el expresidente, quien le dijo públicamente: “primero resuelva sus gravísimos problemas con la justicia y después hablamos de sus otros entuertos”.

Finalmente, todo este espectáculo “trapitos al sol” y de mutuas ofensas entre los expresidentes apartadas de propuestas para el país, me recuerda a las peleas que compraba “La niña Tulia, la de David Sánchez Juliao.

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