“Cuanto más grande es el caos, más cerca está la solución”, Proverbio chino.

Por Álvaro Morales de León

Dejar de escribir y opinar sobre este último y grave estallido social que abraza a toda la patria desde el pasado 28 de abril es como estar mirando para otro lado, hacerse el tonto, el ignorante y hasta ser, posiblemente, complaciente y permisivo; por ello, independiente de posiciones y políticas partidistas, nos vamos a expresar de manera libre, procurando ser lo más objetivo y sensato, sin odios, sin sesgos y sin injustos señalamientos.

Probablemente los prosélitos y simpatizantes del Partido de Gobierno encarnado en el presidente Iván Duque no lleguen a estar de acuerdo completamente ni muestren complacencia con lo que se plasma en esta nota periodística, pero recalco, no se trata de aprobaciones o desaprobaciones, se trata de dar una mirada a lo que en este momento se expresa en las calles y que perturba a toda la nación.

Creemos que la forma, el modelo y el estilo como se ha gobernado el país en lo que va de este cuatrienio, 2018-2022, ha sido el catalizador, el acelerador de emociones represadas por muchos años y durante muchos gobiernos derivadas, principalmente, de la inequidad e injusticia social; pero también, de promesas incumplidas, así como de la transversal corrupción que cruza por el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial; pero también por el sistemático aniquilamiento del que reclama o piensa diferente.

Que curioso y preocupante es que la vicepresidenta y ahora canciller de Colombia, Martha Lucía Ramírez, se oponga a que la CIDH, Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, se desplace lo más pronto posible a nuestro país para que audite e investigue las más de 61 denuncias sobre muertes y atropellos que por parte de la Fuerza Pública se han producido, ahora, en este actual estallido social; cuando en otrora ella misma, como segunda del presidente Duque, imploraba al organismo multilateral para que fuera a Venezuela e investigara atropellos y violación a Derechos Humanos.

La explosión manifiesta actualmente en las calles de Colombia es producto del hervor que con muchos ingredientes se fueron cocinando y condensando en el dolido corazón, en la mente y en la perturbación social de muchos colombianos; y repito no sólo proveniente de este gobierno, pero que la perturbadora Reforma Tributaria, sirvió de catalizadora de la explosión,

Hacer mención del rosario interminable de condimentos que hicieron explotar la olla donde se ha cocinado por muchos años la inconformidad social, sería muy extensa, pero trataremos de hacerla de manera resumida, con base en la importancia de cada uno de ellos.

El permanente despojo de tierras a los campesinos, el desarraigo por causa de los actores armados del conflicto armado, los 6.402 falsos positivos; las masacres, hoy llamadas “homicidios colectivos”, el sistemático exterminio de los líderes sociales, el desempleo, los altos índices de pobreza, el poco acceso a la educación superior, la impunidad y la corrupción en el sistema judicial y en el congreso de la república, los fraudes electorales, el permisivo robo a los alimentos de los niños escolares, las precariedades del sistema de salud y la falta de oportunidad para el acceso a una vivienda digna.

También, la desprotección al sector agropecuario y el direccionamiento hacia potentados amigos del gobierno de los recursos para el estímulo a la productividad agrícola de los pequeños y medianos campesinos, como fue el caso de Agro Ingreso Seguro; el asfixiante e indolente sistema financiero, el porfiado propósito de hacer trizas los acuerdos de paz, la absurda insistencia en la fumigación de los cultivos ilícitos con Glifosato, etc.

Finalmente, todos estos elementos, resumidos, se han acumulado por años en lo más profundo del pueblo colombiano que ha explotado clamando más equidad.