“Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”, Desmond Tutu.

Por Álvaro Morales de León

Aunque es el nombre de una exitosa serie de la televisión española, no puede ser más apropiado este título para dar cuenta de las encarnizadas batallas que hoy volvemos a vivir en Colombia a manera de expresión y explosión social producto de la acumulada inconformidad con el gobierno nacional por la pretendida imposición de nuevos gravámenes a la clase trabajadora y la intención de una desfavorable e injusta reforma al sistema de salud, por el galopante desempleo e incremento del nivel de pobreza y por el sistemático asesinato de líderes sociales, y múltiples inconformidades más.

Las luchas que hoy se baten en las calles de Colombia entre ciudadanos levantados y militares del gobierno no son nuevas, son algo que de manera recurrente se ha dado a través de la historia de nuestro país, producto de atropellos de diversa índole y motivos.

En cuanto a las protestas por las excesivas cargas impositivas de los entonces neogranadinos hagamos memoria de la Revolución de los Comuneros de 1781, hace 240 años, cuando los insurgentes con Manuela Beltrán a la cabeza, y los gritos de “Viva el Rey, abajo el mal gobierno”, dieron la batalla contra los impuestos al tabaco y contra las demás cargas tributarias dictadas por el gobierno virreinal y que afectaban la actividad económica de propietarios y comerciantes, inicialmente en El Socorro, hoy departamento de Santander; y posteriormente en todo el territorio del virreinato.

Así, la pesada carga de los gravámenes tributarios a los colombianos no es propia de estos tiempos ni su imposición ha transitado por la más agradable aceptación, como ha ocurrido con los que pretendió imponer el presidente Duque con la mal llamada reforma “Ley de la solidaridad sostenible”, y como también le sucedió con la Reforma de 2018 que al igual que la retirada le puso el distractor nombre de “Ley de financiamiento comercial” que terminó por ser derogada por la Corte Constitucional.

Pero a todo este inconformismo de cargas fiscales hay que agregarle la propuesta del opositor grupo al gobierno llamado “Coalición de la Esperanza” que pide derogar la reforma tributaria de 2019 por haberse confeccionado sobre una teoría falsa aplicada por el exministro Carrasquilla dándole gabelas al sector empresarial con el supuesto de generar empleo, y a la cual responsabilizan del actual hueco fiscal.

Y en cuanto a los protestantes, no solo hay que dar cuenta de los ya casi 30 muertos y los casi 100 desparecidos por las actuales revueltas callejeras en Colombia, también tenemos que remontarnos, como símbolo histórico, a la suicida y valiente Manuela Beltrán que se atrevió a despedazar la ordenanza real que restablecía el cobro del tributo llamado “Armada de Barlovento”, y rechazar los impuestos al tabaco.

Las revueltas que vivimos y que parecieran ser espontáneas, no lo son, son como las protestas de la llamada “Primavera Árabe” de los años 2010-2012, que al igual que la “Ley de la solidaridad sostenible” de Duque tuvieron como “florero de Llorente” los hechos que en Túnez condujeron a la inmolación del vendedor ambulante atropellado y despojado de sus mercancías por la policía, destapándose la inconformidad ciudadana contra el gobierno por la violación a los Derechos Humanos y conduciendo al derrocamiento de los presidentes de Túnez, Egipto y Yemen, entre otros.

Finalmente, estando en tiempos de guerra y sin aplaudir la violencia recordemos al “Tribuno del Pueblo”, José Acevedo y Gómez cuando exclamó en las revueltas independentistas: “Compatriotas, si perdéis estos momentos de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y febril, antes de doce horas seréis tratados como insurgentes: ved los calabozos, grillos y cadenas que os esperan”.

Sí a la protesta, no a la violencia de parte y parte.