Por Rafa Acosta Pérez

¡Vecina buenos días me vende una empaná!

Expresión diaria de miles de cartageneros, quienes unánimemente cada mañana, salíamos a la calle mientras veíamos a un grupo de 3 o 4 vecinas con la escoba en la mano divirtiéndose y echando el cuento, veíamos pasar al casero sudado y cansado, pero con tantas ganas de vender su papa, ñame, yuca y pescado, para sacar su familia adelante.

También veíamos a esos grandes líderes alternativos que gritaban a viva voz cuando la injusticia era manifestada, esos líderes incansables que solucionaban cualquier problema en el barrio, esos líderes que siempre decían estar orgullosos de sus raíces, esos que salían comenzada la madrugada a gestionar cuando fallecía un vecino y no había forma de comprar un ataúd, esos que defendían la universidad pública a capa y espada, esos que decían “cuando esté en el gobierno si van a ver cómo es que se trabaja por la comunidad”.

Pero la oscura noche llegó y se nubló el pensamiento, esa neblina que oscureció el criterio, la dignidad y borró las raíces que tanto forjaron a esos que se hacían llamar líderes, el sueño de llegar al gobierno era tan grande que solo con ser nombrados en un gabinete o un puesto público se les nubló el pueblo que llevan por dentro, el salario fue tan alto que se les olvidó las veces que les tocó andar a pie por no tener para un bus de dos mil pesos, el poder fue tan elevado que simplemente compraron una capsula para encerrarse e ignorar a esas comunidades que los formaron y vieron crecer, se han convertido en lo que tanto criticaron un día.

Hoy esos mismos que decían amar a Cartagena, esos que iban a reivindicar a los negros, a los mototaxis, a las madres cabezas de familia, a la niñez, a los estudiantes, a los jóvenes en riesgo y decían ser la solución, se han convertido en uno más de la clase burócrata que hace silencio ante el maltrato social, ya hoy son espectadores desde la muralla donde se divierten con la agonía y el sufrimiento de un ser vivo, los vemos montados en sus tribunas viendo como los gases ahogan a la juventud que decían querer salvar, se les olvido que hicieron parte de esa juventud que exige justicia y hacen silencio por temor a ser exhibidos por un gobernante que solo a demostrado su capacidad para escuchar chismes y cuentos de pasillo, hoy el temor a perder el sueldo y el estatus calló la boca de los supuestos alternativos, hoy juzgan, critican e incluso les quitan las famosas OPS a quienes piensan diferente o no están a favor de su gobierno y se les olvida que ayer ellos eran los que criticaban ese accionar pero hoy se cumple la magnífica frase del gran Pepe Mujica:

“El poder no cambia a las personas, solo revela quienes realmente son”.

Hoy seguramente no piensan que cuatro años pasan volando y que su estancia en el hotel gubernamental no es eterna, hoy la altivez y la prepotencia los hace más  pequeños, pero sobre todo hoy la ciudadanía los está viendo, los ojos están puestos sobre aquellos que levantaron una bandera de engaño, una bandera de mentira, chismes, ofensas, poca gestión, poca capacidad administrativa, falta de empatía o en pocas palabras les quedó grande Cartagena; hoy sobre todo nos están enseñando a esta generación lo que no debemos hacer mañana.