Por Juan David Espinosa Tatis

Colombia, un país cansado de la falta de oportunidades, del incremento de las tasas de desempleo y sobretodo de los abusos infames que tanto la derecha como la izquierda han perpetrado, hemos llegado al punto de tener que ser nosotros, el pueblo y constituyente primario los que por medio de protestas y marchas alzan la voz y dicen que es lo que el pueblo realmente necesita. Por esta misma razón no podemos permitir que la lucha social se convierta en el trampolín político de aquellos que ansían tomar el poder. Debemos recordar que la protesta no es solo contra un gobierno desconectado con la realidad sino también con aquellos que de una u otra forma no aportan nada a la construcción de un país próspero como todos los colombianos lo queremos. 

La reforma desangraría es el título que de manera personal le he colocado a este mecanismo, por el cual, el Gobierno Nacional pretende subsanar un hueco fiscal generado por sus mismas políticas, y de igual forma, por la tan indeseada y detestada pandemia mundial. Si bien es cierto, esta reforma como estrategia económica es una necesidad si tenemos en cuenta la cantidad de dinero malgastado por el gobierno y dejado de percibir por el pueblo, sin embargo, es igual de imprudente, y lo es no solo por la forma tan descarada y arbitraria que el gobierno pretende recuperar todo lo perdido  sino también por la clase social a la cual va dirigida, que tiene menos que agradecer y más que perder, todo esto sumado a las circunstancias tan desastrosas que rodean al país. 

Como nación debemos buscar cambiar aquella frase que dice: “La revolución son esclavos buscando cambiar de amo” y crear un precedente que promulgue: la revolución es la forma en cómo los esclavos nos convertimos en amos; y así recuperar el lugar que nos corresponde. Sin más nada que añadir, recordemos que el pueblo no lucha contra el pueblo y el hecho que TU forma de protestar y de luchar no sea igual a la de los demás recuerda: tu lucha no es motivada por el deseo del bienestar individual sino, por el deseo de un bien para toda la colectividad, colectividad que a fin de cuenta jamás pensara y actuara igual.

Colombia, es un país triste, cansado y decepcionado pero parece ser que al fin ha      despertado”.