Por Rogelio Tirado 

Quiero opinar sobre la siguiente pregunta: ¿Qué pasa en Colombia hoy?

Lo primero que se debe hacer es dejar claro una definición de Colombia en este momento histórico, obvio incompleta por cuestiones de espacio.

En conocimiento: las academias no están en la vanguardia mundial, ya que la ciencia no se hace con la tecnología que tiene incluida los avances más sofisticados. En tecnologías: las herramientas que se usan no son producidas con la ciencia que se desarrolló en este país. En empleo: la sinergia entre humano-tecnología no se da adecuadamente.

En política: el estado es protector de un tipo de ciudadanos, la “gente de bien” y a los otros, los “vándalos”, los rechazan. En Moral: el Dios que impera en el imaginario colectivo de este territorio ya está caduco. En las protestas: no piden nada porque no saben que pedir. 

Estar al tanto del tema de la ciencia y la tecnología como técnicas que mejoran las posibilidades de alejar la entropía es fundamental en cualquier análisis donde el humano esté presente, dado que las ciencias se encargan de transparentar las naturalezas y la tecnología de expandir las opciones que nos impuso la Naturaleza. Entonces, si el propósito es reconocer las cosas que no son distinguibles con las cualidades humanas, el uso de bártulos capaces de ampliar el rango de percepción debe ser buscado. Asimismo, el conocimiento científico de hoy se produce con condiciones inalcanzables por el organismo-persona; debido a que los topes no permiten revelar la esencia de las cosas. Ahora un ejemplo a fin de mayor claridad: “Con los ojos humanos no se podía ver los átomos hasta que se inventó el microscopio”.

Las tecnologías hay que tratarlas como técnicas-de-expansión, las cuales dan la capacidad de manipular la realidad más allá de nuestros extremos; con ellas se crean ciencias. Las herramientas al potenciar cambian las labores, trayendo consigo la transformación de los quehaceres; peligroso cuando no se tienen políticas de adaptación temprana de los ¡nuevos inventos! En las sociedades que impactan deben adaptar su aparato productivo con el objetivo de actualizar; la sinergia entre humano-tecnología es de carácter evolutivo; entre más rápido las conocemos más rápido podrán ser utilizadas. La ventaja de un nuevo invento la tendrá quien la genere. 

Sobre lo político, la moral y las protestas quiero decir lo siguiente: El transhumanismo que está aconteciendo en estos momentos ¡tiene una velocidad abismal!, los anteriores cambios de esta forma, es decir, el paso de un tipo de humano a otro tipo de humano; se transmitieron en el “mundo de las Ideas”, o sea, fueron transhumanismos epistemológicos. Los humanistas dicen que las transformaciones “mentales” duraban siglos en concretarse; dicho de otro modo, las palabras de los filósofos tardaban en llegar a la sociedad; antes solo tenían las técnicas lectoescritura, las tecnologías papel tinta (libro) y el voz a voz. Hoy se modifica la cosa, los cambios ocurren tanto en el “mundo sensible” como en el “mundo de las Ideas” y las herramientas son digitales. 

El humanismo-antropocéntrico que se ha beneficiado de las arcas del estado colombiano no quiere entender que su momento como sistema imperante ¡ya terminó!; la visión de “superiores” o “inferiores” es una manera de ver la realidad que ya no es aceptada por las personas que disfrutan del contacto con el mundo; hoy son todas las que gozan del acceso a internet. En otras partes las oportunidades acontecen de forma sencilla, por actitudes políticas, eso no se puede tapar. Debo manifestar algo antes de seguir: este transhumanismo también se da en una revolución industrial de la comunicación; exponiendo, las interconexiones de espacios distantes en tiempos instantáneos. 

La realidad postmoderna del mundo ¡que para nada es igual a la de Cartagena!, declara en su ser que las particularidades son lo importante, no las totalidades no-naturales. El humanismo-antropocéntrico colombiano es un totalitarismo no-natural el cual quiere mantener el sistema de cosas donde ellos son hegemónicos a costa de los otros que sufren los maltratos; compite con un antihumanismo-antiantropocéntrico que no sabe lo que hace ni que es; más bien es una coalescencia amorfa producto del odio, resentimiento, molestia, maltrato…, histórico por los malos gobiernos, algo manoseada por “líderes” desfasados, con la intención de mejorar las condiciones de los colombianos. Resalto mi opinión sobre los gobiernos precedentes y actuales ¡sí!, son malos ergo, los colombianos no son los que definen la realidad ni su propia historia. 

A nivel país la lucha parece perdida, la “gente de bien” son poseedores de tecnologías de guerra que en su lógica, en apoyo de la policía nacional, es un deber moral usarlas contra los “vándalos” o excluidos. Los manifestantes cada vez se agotan más y lo que piden es respeto. En mi opinión expreso que no pueden pretender ¡nada! El atropello de las nuevas tecnologías se dio a todos por igual, solicitar algo sin incluir las nuevas herramientas, es desear mal; requerir sin saber, también es pedir mal. A nivel internacional los humanismos-antropocéntricos se han venido derrumbando por las diversas luchas postmodernas antihumanas-antiantropocéntricas, exponiendo una situación positiva a los nuevos humanos; adicionalmente, las ciencias declaran que la visión de un ser que se crea superior es un ser que no está comprendiendo la naturaleza circundante transparentada. 

Con la intención de dar una opinión de tipo concluyente: Colombia se encuentra en un desfase epistemológico que no le permite redireccionar su propia historia; lo positivo es que estamos en la cuarta revolución industrial en la cual es “fácil” posicionarse a lo más avanzado; la historia muestra que los que se adapten primero consiguen hegemonía. Ahora bien, al tratarse un tema de carácter educativo la remisión es buscar a los filósofos soteriológicos, obvio deben ser una filosofía que determine el hoy-fáctico pues eso es lo que no se conoce, la realidad de hoy; no puede ser cualquier filosofía.