«La prostitución no es el oficio más antiguo del mundo, es la esclavitud más antigua de la historia», Carmen Calvo.

Por Álvaro Morales de León

Por cuenta de los recientes e impúdicos actos de las patológicas escenas de prácticas exhibicionistas de sexo en un colonial balcón del Centro Histórico de la Cartagena Heroica se ha vuelto a enardecer la recurrente discusión sobre la necesidad que la ciudad vuelva a tener una zona de tolerancia como la que funcionó en el que para la época era el descampado sector de “Tesca” hasta que el alcalde Juan C. Arango Álvarez tomó la decisión de erradicarla.

Para el colosoano oftalmólogo y alcalde, popularmente conocido como “Juancho” Arango, alcalde de Cartagena cuando se nombraban y no se elegían, la permanencia de los afamados y deslumbrantes centros de diversión nocturna conocidos como “Nights Clubs”, donde las llamadas “coperas” de manera controlada  ejercían la prostitución, constituía una afrenta para la población estudiantil del recién inaugurado SENA Industrial de los “Cuatro Vientos” sobre la Avenida Pedro de Heredia, y por ello decidió erradicarlos de este sector; provocando la ineludible e inevitable dispersión por toda la ciudad.

La decisión del alcalde, podríamos decir que “descentralizó”, entre otros, centros de diversión y lenocinio como “El Príncipe”, “El Rey bar”, “El Danubio azul”, y el bar de “Chepa”.

Confieso que dada la rigidez en la disciplina y en los principios que se impartían en el seno familiar y mis mocedades para la época en que existió esta Zona de Tolerancia, el conocimiento que de ella tengo es de oídas, por lo que hoy para escribir esta nota he recurrido a la tradición oral de los que sí dan testimonio de su existencia y sus “deleites” recogidas entre otros, en trabajos periodísticos de Luis Tarrá Gallego, guardián de la historia de Cartagena.

La dispersión que provocó la decisión de “Juancho” Arango dio paso a la aparición, inicialmente, de lo que para la época se llamaron “Centros Nocturnos” como “El platanal”, “El gato negro”, y el Cabaret de “Celina” en los barrios El Bosque y El Zapatero, lenocinios que tuvieron como propietarios, entre otros, al sobreviviente Plácido Camacho, al desaparecido “Juancho Rubio”, dueño del lujoso establecimiento de su mismo nombre, y a Esther Altamar, empresaria del también famoso y deslumbrante, “Las pampas”.

Pero otras zonas de la ciudad también fueron colonizadas por este tipo de establecimientos como “El Niño de Oro”, en Canapote, de propiedad de un señor de apellido Vásquez, muy recordado por su excéntrica forma de llevar el cabello y su extravagante vehículo; así como también sucedió en Daniel Lemaitre con el “Estadero Las Lomas”, convertido hoy en un lujoso motel, construido a la brava, contra la Ley, en las colindancias con un antiquísimo Templo Religioso y un centro educativo.

Es también de esa época en el barrio de Bruselas, el sobreviviente “Cabaret de Rocío”, muy visitado por tripulantes y marinos de barcos mercantes y militares; como de igual manera sucedió en Manga con el “Stella Maris”, y los llamados clubes nocturnos de “Gertrudis” y el de “El cabo Rogelio”.

Pero si “Tesca” nació como producto del desalojo de “Aires cubanos” que funcionaba en “El Papayal”, en Torices; y el desmantelamiento de “Tesca” descentralizó la prostitución llevándola al Centro de la ciudad en sitios disfrazados con nombres de bares como “El Mapeyé”, el “Abacoa”, “El Continuo”, “Las Américas” y Candilejas”; estos, cuando cerraron, dieron paso a “Noches de América” y a la pública prostitución en pleno corazón del turístico y residencial Bocagrande.

Finalmente, hoy, la migración de la prostitución se ha radicalizado sin control alguno, especialmente sanitario, en las calles y plazas del Centro Histórico con las que hoy se les llama trabajadoras sexuales que invocan derechos y se oponen a una zona de tolerancia por considerarlas una estigmatización para su particular ocupación.