“Este libro ha recibido varios nombres: Popol Vuh, Pop Vuh, Pop Wuj, y es el producto de muchas circunstancias históricas que, sumadas, le dan un carácter misterioso y casi mágico, entre los libros o las tradiciones de los grandes pueblos de la humanidad.” (pág.9).

Con el texto citado comienza el prólogo del Popol Vuh escrito por Ernesto Ojeda Suarez en la edición que publica Panamericana Editorial. El autor del prólogo en unas pocas páginas hace una rápida introducción al origen de las historias que son catalogadas como mágicas, y, de hecho, desde el primer párrafo del libro se trasmite esa sensación de vértigo ante una profunda oscuridad de la cual la luz va naciendo.

“Esta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo.”

Así, desde el silencio las palabras de los dioses van dando forma a un mundo; palabra tras palabra, sonido tras sonido y error tras error hasta llegar a crear a los seres humanos, hijos del maíz. Sin embargo, la oscuridad persiste en el mundo.

Y para dar luz, en un lugar de la tierra nacen los mitológicos Hunahpú e Ixbalanqué. Un día, después de hacer mil piruetas y engaños hasta lograr encontrar la pelota de sus fallecidos padres, deciden jugar con ella. Bajo la tierra, en Xibalbá, que funciona como un tipo de infierno, los amos de dicha región se enojan, y mandan a llamar a los muchachos.

En el libro se narran todas las dificultades que tuvo que pasar la pareja de hermanos hasta llegar a Xibalbá. Y nuevamente, palabras tras palabra, juego tras juego, los héroes logran vencer a los señores del inframundo por siempre, luego, Hunahpú sube a los cielos y se convierte en la luna, Ixbalanqué, por su parte, se convierte en el sol y de esa manera logran crear el tiempo; nunca la oscuridad sería eterna, cada día tendría su noche, y cada noche su mañana, por siempre.

La lectura del libro fue en general agradable debido a su tamaño y calidad de la edición, la cual me permitió leer hasta entrada la noche sin casarme demasiado la vista, algo que agradezco al leer. La cubierta del libro tiene relieve, que acompañando la fotografía de la estatua en piedra da la sensación de estar tocándola realmente. Sin embargo, las imágenes que aparecen en la cabecera de los párrafos no me agradaron mucho, tal vez porque se repiten, pero es solo un punto mínimo.

Encontrarse con este mítico compendio de narraciones es, sin duda, adentrarse en un mundo donde todo va surgiendo y nada está dicho. En pocas palabras, el Popol Vuh es una total aventura que debemos atrevernos a experimentar al menos una vez en la vida.

Reseña por Samuel Simanca