El huracán IOTA fue uno de los desastres naturales más fuertes en la historia reciente de Colombia.

IOTA pasó a 35 kilómetros de Providencia cuando era categoría 4, y a 65, cuando alcanzó su máximo nivel, según reportó en ese momento el Centro Nacional de Huracanes. La isla quedó incomunicada por al menos 16 horas. Cuatro personas fallecieron ese día y otras 6.000 resultaron damnificadas. Además, el 98 por ciento de la infraestructura quedó destruida.

Hoy, un año después, varios reporteros recorrieron el lugar y se encontraron con un panorama desgarrador. El hospital sigue destruido, según cifras del Gobierno, al menos 70 familias permanecen en carpas y el agua potable sigue siendo distribuida por carrotanques.

Tras el paso del huracán y el covid-19, la vida en este lugar ha sido difícil y los habitantes se han visto en la obligación de estructurar nuevas rutinas.

Debido a las restricciones por la pandemia y la devastación, esta isla que vive del turismo quedó a la deriva. En promedio, en temporada alta, 3.000 personas la visitaban cada mes; ahora, la cifra está en cero. Algunos hoteles en pie y unidades de negocio se pudieron reactivar con la llegada de funcionarios, contratistas y voluntarios que han ido para la reconstrucción.

El medioambiente también fue uno de los más afectados: el 90 por ciento del bosque seco y de los manglares se vieron gravemente involucrados, según cifras del Parques Nacionales Naturales de Colombia, Invemar y Expedición Cangrejo Negro. Hasta hoy se ha recuperado la mitad de lo proyectado.

El Gobierno Nacional asegura que la reconstrucción avanza en un 65 por ciento y que para marzo del 2022 se proyecta la terminación completa.