En 1815, cuando Cartagena de Indias se posicionaba como principal puerto del Caribe neogranadino y puerta de entrada a Colombia, sufrió uno de sus peores momentos. Desbastecida, debilitada militarmente y echada a su suerte por sus autoridades, la ciudad tocó fondo. Fueron días de férrea oposición y resistencia que finalmente le valieron el título de Ciudad Heroica.

Después de 200 años, y sin que las circunstancias tengan conexión alguna con las acciones del ‘pacificador’ Pablo Morillo, nos encontramos en un similar estado de desaliño: una grave situación de salubridad generada por la pandemia, una infraestructura pública en mal estado que no conoce reciente intervención, unos elevados índices de desigualdad social, una percepción de inseguridad en su más alto nivel y una economía deprimida, como consecuencia -entre otras cosas – de la desaceleración internacional.

Definitivamente, no es el mejor momento de una ciudad que en el pasado dio muestras de una lucha que reconoce su posicionamiento en la historia.

En aquel momento, el asedio de Morillo arruinó al Corralito de Piedra, y con ello el protagonismo que le era reconocido. Hoy, la ciudad parece rendida por la indiferencia, la falta de solidaridad y la ausencia casi total de gestión por parte de su dirigencia política, lo que nos lleva a pensar que se requieren, con urgencia, nuevos liderazgos que levanten la moral a los ciudadanos, que estén dispuestos a poner su cabeza para -si es del caso – ser decapitados, que propongan una lucha por reconquistar el espacio y el tiempo perdidos.

Después del sitio, a Cartagena le costó años recuperar su independencia y décadas volver a tener siquiera el mismo número de habitantes. Hoy, el tiempo nos ha tomado ventaja, y las condiciones nos obligan a actuar con diligencia y prontitud.

No obstante que en 1821 lo que nos dio la independencia absoluta fue el enfrentamiento armado, hoy la propuesta es que se use la palabra, las buenas ideas y la unión de todos los sectores para lograr reposicionar a la ciudad.

En ese orden de ideas, propongo celebrar un pacto heroico, suscrito por todas sus fuerzas vivas: ciudadanos del común, comerciantes, deportistas, políticos, académicos, artistas, activistas, líderes todos; que seamos capaces de generar un cambio de mentalidad en la población y de comprometer a los gobiernos nacional y local en la ejecución de los proyectos que la ciudad necesita urgentemente.

Hoy, el enfrentamiento entre grupos de interés no puede seguir dejando víctimas fatales. Hay que promover un verdadero cambio positivo, libre de ataduras, para que dejemos de merecer el rótulo de ‘caterva de vencejos’ y nuestra patria chica recupere el título de Ciudad Heroica.

Por Javier Doria Arrieta Abogado. Doctor en Derecho. Especialista en Derecho Administrativo y Derecho de los Negocios. Magister en Derecho Público. Derecho. Docente Universitario a nivel de Postgrado – Director de la firma Doria & Asociados Abogados.