Por María Andrea Romero

Directora Ejecutiva Trensas Consultores

Una de las cosas que con mayor frecuencia me ocurre es que, por alguna extraña razón, la gente se sorprende cuando digo que soy “Orgullosamente cartagenera”. Al intentar comprender los motivos, me encuentro con que según los interlocutores hay dos factores que (según ellos) “me alejan” de serlo: el primero, que no soy de piel negra y el segundo, que no “golpeo” al hablar; bueno al menos no tanto como esas personas lo esperan. Al escuchar este tipo de cosas, solo viene a mi mente la idea de que aún nos falta muchísimo como sociedad para comprender la diversidad que existe y conforma una ciudad. También pienso en lo peligroso de desconocer y anular la identidad de seres humanos por características  individuales y, sobre todo, lo riesgoso que es sesgar una identidad territorial a dos aspectos en particular.

Aparentemente construir una ciudad es relativamente fácil, pareciera que sería cuestión de crear edificaciones, calles y espacios físicos; sí, eso es una parte importante. Sin embargo, ahora viene otra un poco más compleja: darle vida a una ciudad, lo cual es algo de otro nivel. Pues implica que todos y cada uno de los seres humanos que forman parte de ella, interactúen entre sí para crear un relacionamiento tan valioso y estructurado que logre generar el bienestar común;  este al que tenemos derecho todos y que no debería tener difícil de ningún tipo. Este que a su vez es la consecuencia de lo que hombres y mujeres generamos desde nuestra interacción en el rol como ciudadanos.

En este mes, dónde conmemoramos todo el proceso que han gestado las mujeres de nuestro pasado para crear el presente que tenemos, quiero invitar a todas y cada una de las cartageneras a honrar ese proceso con cada uno de nuestros comportamientos. Como mujeres, tenemos el milagro de dar vida, no sólo humana sino también, en línea con la idea anterior, ciudadana. Por eso, sí aprovechemos y potenciamos ese poder femenino para ayudar a construir nuestra ciudad, aprovechando la tenacidad, valentía, pujanza y fuerza que tenemos, podríamos construir desde hoy, momento a momento, #LaCartagenaDelFuturo que nos soñamos.

Son múltiples las posibilidades de todo lo que podemos hacer para que eso suceda. Y, comprometida con lograrlo, en este espacio les comparto tres alternativas sobre cómo desde nuestro género podemos ser parte de la solución para construir la Cartagena que nos merecemos:

  • Amémonos por lo que somos: dicen por ahí que lo que está afuera es el reflejo de lo que está dentro, y es poco probable que yo le de atención, respeto y cuidado a aquello por lo que no tengo ningún sentimiento. El amor propio es el inicio de reconocerme como ser humano, como mujer y como ciudadana, y más importante aún, es el punto de partida sobre cómo construyo las relaciones con lo demás. Pretender que otros me amén sin yo amarme es eximirme y dejar toda la responsabilidad en tercero. Está idea en un sentido ciudadano, hace referencia a qué es poco probable que construya la ciudad del futuro cuando no siento absolutamente nada por ella, por lo que es (así imperfecta y todo) o mejor aún, por lo que puede llegar a ser.
  • Derrumbemos las murallas de apatía y desazón: me invento que todos, sin distinción alguna, tenemos algún tipo de muralla producto de una experiencia previa poco agradable. En el caso de las mujeres, aún tenemos muchos paradigmas por romper. Sin embargo, si bien no podemos cambiar el pasado, si tenemos la posibilidad de honrarlo, agradecer y aprender de él y, con esa base, enfocarnos en lo que si podemos crear a nuestro antojo: el futuro. Ese campo infinito de posibilidades dónde cómo mujeres podemos ser y estar como lo soñamos. La tarea: derribar las murallas de la apatía y desazón para abrirnos a nuevas y diferentes oportunidades.
  • Pasemos de la cháchara a la acción: de las cosas que más nos cuesta es pasar de la idea a la acción; somos buenos echando el cuento, argumentando, quejándonos pero… ¿y eso qué aporta? La gran diferencia entre las mujeres que han cambiado la historia es que pasaron del dicho al hecho sin trecho alguno. Lo curioso, es que la gran mayoría (no todas) saben lo que quieren y lo que deben hacer, y si eres de las que aún no lo tienes tan claro, pues ya tienes la primera tarea: descubrir y elegir qué es eso. La gran invitación en todo caso es a ¡incomodarnos! Sí, así como lo lees. Construir una vida o una ciudad diferente implicará salir de la “comodidad” en la que estamos, implicará esfuerzo y dedicación, implicará ganarle a la flojera y a la desconfianza, implicará hacernos de oídos sordos a todo aquel que está enfrascado en qué no podemos hacer nada e implicará hablar menos y actuar más. Así como en la vida no podemos darle toda la responsabilidad a nuestros padres, en la ciudad tampoco se la podemos dar toda a las “autoridades”. Yo, como ser humano, cómo mujer, también soy responsable de la vida y de la ciudad que construyó.

Para finalizar solo puedo decir que cómo mujer orgullosamente cartagenera, confío y tengo evidencia de que en mis manos y en mis actos está el secreto para que #lacartagenadelfuturo, un lugar donde hay equidad de género, respeto, igualdad de derechos, oportunidades e inclusión, sea una realidad. Y no debo esperar un mañana, por si las decisiones que tomaron ayer nos trajeron hasta hoy, implica que las que tomemos hoy nos darán vida al futuro venidero. Desde esa idea, ¿qué futuro  te gustaría disfrutar?

Sígueme en @maandrearomero y @smartfuturesthinktank para que juntos construyamos esa nueva ciudad.