Por María Alejandra Benítez Hurtado (1) y Álvaro Andrés Iriarte Angarita (2)

Colombia es uno de los países con las tasas más altas de casos de violencia basadas en género en América Latina, erigiéndose éste como una problemática social gravísima y quienes la soportan, muchas veces en silencio, han lidiado con la aceptación cultural y normalización de estas conductas, bajo la mirada cómplice del Estado quien tiene el deber de impulsar políticas públicas más contundentes, además de materializar lo estatuido en la Constitución Política, en el Tratado Belem do Pará, entre otros instrumentos normativos de protección.

Casos como el de Rosa Elvira Cely, Berenice Martínez (actualmente en la Comisión Americana de Derechos Humanos) y recientemente el de la niña Embera (en el cual la Fiscalía erró en la imputación del delito contra los soldados), desenmascaran una nefasta práctica de constante sometimiento e imposición de la superioridad varonil respecto a las féminas, que legitima cualquier acto sobre sus cuerpos. A finales del mes de mayo del año en curso, a través de la red social Facebook, conocimos las presuntas agresiones sexuales por parte de militantes y ex militantes de movimientos estudiantiles como las Juventudes Comunistas JUCO, casos que despertaron la sororidad respecto a todas las chicas que, luego de su proceso de duelo, decidieron apoyarse en las colectivas feministas para exponer sus casos públicamente.

Las reacciones por parte de la JUCO no se hicieron esperar: interposiciones del mecanismo constitucional de tutela con fallos que embargan distintos razonamientos jurídicos y pronunciamientos justificatorios, para el caso de Cartagena, por parte de las mujeres del local Alonso Corrales. Lo antecedente nos conduce a una profunda reflexión filosófica desde los epicentros académicos y a una defensa de la lógica social y revolucionaria los cuales, en teoría, soportan las banderas ideológicas de movimientos estudiantiles como la JUCO.

Sería redundante hablar de la influencia del filósofo alemán Karl Marx en los movimientos estudiantiles. La filosofía de este hombre, oriundo de Renania, es predicada entre los estudiantes, con fervor de doctrina religiosa; dichas instituciones, desafortunadamente, se valen de la retórica revolucionaria para crear adeptos acríticos. La decadencia de los movimientos estudiantiles, debido a las presuntas agresiones a las féminas evidenciadas en las denuncias, de ninguna forma es justificada por Marx. La idea de estos grupos militantes, de corte marxista, es de continuar en una lucha que nos conduciría a la sociedad científica, filosófica y racional por la cual debemos trabajar como especie. Vemos que los ideales han sido suplantados por meros intereses políticos y propagandísticos, los cuales impiden la real depuración de estos grupos.

En primer lugar el entero esfuerzo filosófico, económico, antropológico y político de Marx es de lograr una teoría que evidencie que el norte de la humanidad es la eliminación de la explotación del Hombre por el Hombre. Dicha eliminación pretende liberar al Hombre de los engaños ontológicos y materiales de un sistema que le impide verse como ser social. Este ser social pretende un conocimiento del Hombre de su realidad como una realidad social, la calidad de su existencia social depende de la lógica que su grupo aplique. Si es la lógica de la explotación es por la cual el sujeto está condenado a la explotación  de su grupo. Si, en cambio, es la lógica de la emancipación, el sujeto se encuentra encaminado a realizar su naturaleza como ser social.

El caso expuesto muestra que la lógica que domina en estos grupos estudiantiles es de orden explotador que se han dejado someter (según Marx) por el engaño del mundo burgués: la explotación del Hombre por el Hombre. Los abusos sexuales y violaciones hacen parte de la entropía natural de las comunidades humanas, una tragedia casi que inevitable. Lamentablemente la utopía se nos escapará siempre de las manos. Pero que un movimiento que aboga y promueve la lucha social de orden marxista pase por alto presuntos actos de violación en contra de una (varias) mujer(es), deslegitima marxistamente a dicha institución. Las juventudes comunistas que, presuntamente, han permitido las atrocidades anteriormente mencionadas se han distanciado absolutamente de las pautas éticas y filosóficas que Marx exige del Hombre. Así estos grupos se encuentran lejos de ser revolucionarios y marxistas, se convierten en estafadores correligionarios.

El comunismo como superación positiva de la propiedad privada en cuanto autoextrañamiento del hombre, y por ello como apropiación real de la esencia humana por y para el hombre; por ello como retorno del hombre para sí en cuanto hombre social, es decir, humano; retorno pleno, consciente y efectuado dentro de la riqueza de la evolución humana hasta el presente. (MANUSCRITOS FILOSÓFICOS-ECONÓMICOS de 1844, Karl Marx)

A la edad de 26 años Marx escribía dichas líneas en la soledad de una pequeña, pobre y fea habitación en las calles de París. La misma edad, hasta menor, que la de los líderes y presuntos perpetradores de acciones ruines en contra de la mujer, escondidos bajo la bandera de la lucha social. Estas presuntas acciones que no son sancionadas dentro de ellos mismos, demuestran la carencia de apropiación del discurso de lucha. La lucha por la emancipación genérica del Hombre es universal, cada individuo de la especie merece ser reconocido plenamente en su subjetividad y emanciparse de las cadenas que lo atan a la falsa conciencia de su ser. Es requisito sine qua non, que las instituciones autodeclaradas como marxistas sigan en sus prácticas sociales una real y concreta forma social de ser.

Algunas notas de este «ethos marxista» los señala E. Kamenka: a) Es un ethos humanista. El hombre es el ser supremo, y, por tanto, se debe de terminar con todas las relaciones que degraden o alienen al hombre, b) Es un ethos de la libertad. El hombre realmente humano es el hombre libre. Libertad entendida como la capacidad de regular racionalmente la relación con la naturaleza y con el otro hombre, c) Es un ethos comunitario. (Manuel Fernández del Riesgo, La Ética y el Marxismo. P. 94)

Con lo anteriormente expuesto, basado en los relatos de las presuntas víctimas, es inconcebible ideológicamente que una organización, cuya piedra angular radica en la emancipación de la humanidad, regularice en su actividad prácticas que cosifican a la mujer, bajo la mirada cómplice de la mayoría de sus miembros. Invitamos a todas las mujeres que, en el marco de sus ideales de libertad, igualdad, justicia social y democracia ingresaron a los locales de las Juventudes Comunistas, a denunciar ante  este tipo de agresiones que objetivamente son una violación a la vasta normatividad que las protege. La lucha en contra de la explotación del Hombre al Hombre sigue siendo una lucha digna y necesaria para los retos que enfrenta la sociedad industrial del siglo XXI. La supuesta, muy evidente, victoria de capitalismo no hace de la filosofía de Karl Marx una filosofía obsoleta o innecesaria; muy por el contrario ya que en sus textos seguimos encontrando la clave para denunciar a los explotadores de los hombres y las mujeres.

 

  1. Abogada de la Universidad de Cartagena; candidata a Magíster en Derecho Administrativo, docente, investigadora y coordinadora editorial.
  2. Filósofo y Humanista de la Universidad del Norte. Maestrando en Filosofía y Humanidades.