Por Ambrosio Fernández

Se abrió el famoso “Libro Blanco” del que hablaba el alcalde Dau desde hace días y que muy a su estilo de reality, tuvo a los ciudadanos pendientes de conocer que era exactamente lo que contenía. La primera de tres entregas, dio cuenta de montos abultados de contratación, especialmente de entidades sin ánimo de lucro, algunas de ellas mal llamadas “empresas de papel” que no dejan buenas sensaciones pero que de entrada no se puede afirmar que sea algo ilegal.

Primer punto de este debate que genera el alcalde y que se discute mucho en la academia, que no sea ético no significa que no sea legal y viceversa. Si los contratos se cumplieron y se acogieron a la legislación colombiana, por más mal sabor que dejen, no habría herramientas para decir que la plata se la robaron.

Ahora, ante las irregularidades de contratación que se le han advertido a la actual alcaldía y que tienen al primer mandatario de los cartageneros en el ojo de los entes de control, Dau ha respondido que son “primiparadas” de su equipo. Y no es que no se puedan equivocar, pero sorprenden estas declaraciones de parte de un hombre que ha hecho su carrera política como veedor y que ha seguido con lupa la contratación en la ciudad  y por lo tanto debe conocer la letra menuda de los documentos y los atajos por donde se meten los “malandrines”, como el mismo llama a aquellos que han saqueado el erario. ¿No será que esas primiparadas las cometió el equipo del distrito por seguir cumpliendo el papel de veedores y no de gobernantes y ejecutores durante este primer semestre?

Era claro que el fenómeno Dau, que sorprendió en las elecciones locales de 2019 tendría un nuevo estilo en lo público y que eso generaría piquiña en una Cartagena enseñada a las nefastas prácticas politiqueras de antaño, pero el primer mandatario a veces se le olvida su cargo y actúa llevado por la emoción, más que por el pragmatismo. Por más contundentes que sean sus hallazgos, la forma como los presenta hace que se pierdan en el bullicio del día a día. No todos los que nos atrevemos a alzar la mano para opinar de su gestión somos malandrines. Ese estilo de si no están conmigo están contra mí, solo hace que espante aliados para construir ciudad.

No obstante las denuncias de Dau no deben caer en saco roto y aprovechando que el fiscal Barbosa anda visitando las playas, debería venir a la ciudad y nombrar una comisión especial para investigar los posibles hechos de corrupción. Ojalá y estas denuncias no se terminen cayendo por su propio peso.