Por José Luis Varela Insignares

Ser joven en Colombia está saliendo cada vez más caro. Ser joven en Colombia sale caro, cuando por nuestra desventaja etaria respecto a la población adulta del país, nos cuesta la vida y más… pero ¿Más caro que la vida? Sí, más y más porque además de morir, es humillante y frustrante, tener que vivir con el temor de opinar sin ser golpeado, maltratado, violado o matado.

La vida de un joven en Colombia no vale nada, no vale nada cuando sin importar lo que tengamos por decir, nos callan a balas. Sorprende -sobrepasando la indignación- ver como nuestra fuerza pública apaga vidas colombianas sin siquiera usar balas. Los adultos de este país creen con firme potestad que los jóvenes estamos muy pequeños y que el hecho de no haber vivido lo que ellos han vivido, simple y automáticamente desacredita cualquier palabra que intente salir de nuestras bocas, esto sin importar lo académicamente preparado que puedas llegar a estar, ahora no solo hace falta estar preparados sino además contar con más de 3 décadas de existencia para poder siquiera opinar.

Como jóvenes no rechazamos la ayuda y guía de aquellos que estuvieron primero que nosotros y que han soportado y sufrido por más tiempo que nosotros, pero claramente rechazamos su crítica violenta y amenazadora. Tal y como lo han dicho en diferentes “tuits”: “la generación que se dejó quitar el pago de las horas extra, se dejó meter la ley 100 y lleva 3 periodos votando por Uribe: queriendo darnos lecciones de historia y política por Facebook a nosotros, da más rabia que risa” y eso, solo por decir lo poco.

Como estudiantes (de cualquier nivel) solemos tener referentes y ver con admiración e idolatría a alguno de nuestros docentes, lo cierto es que en tiempos cruciales y coyunturales -como el que estamos viviendo en estos momentos a raíz de la pandemia, pero por supuesto en el marco de la situación actual de Colombia- son pocos los docentes que adquieren una postura merecedora de admiración y respeto, mientras que otros sin mayor sorpresa vuelven a decepcionar y sin ninguna pena ni vergüenza (cosa que más duele).

No olviden lo que se puede aprender en la academia, incluso desde el primer semestre de la universidad, donde te enseñan que tus derechos acaban donde inician los del otro…sí, eso tan sencillo que durante años nos has enseñado, tal vez sea necesario recordar y adentrar para que entiendas que tus derechos acaban donde inician los de tus estudiantes, con derecho a opinar, a protestar y a marchar en contra de un gobierno opresor, tanto o más de lo que estás siendo con aquellos que estás formando y que desacreditas sin temor alguno.

Espero ya no estar tan “chiquito” para que mis palabras recojan el preocupar y el sentir de una población cansada y aburrida del desgastante discurso prehistórico que solo sabe decir “vándalo”, “guerrillero” y “es culpa de Petro”. Si no me lo crees a mí, entonces pregúntale al estimado Edgar Ramírez, saludos.