Ricardo Barrios Montes

Administrador de Empresas y Contador Público

Cartagena es la síntesis que vive Colombia, un país desigual e injusto donde manda el hambre, donde los ricos que son menos en cantidad perciben casi la mitad de los ingresos laborales del país, donde se pretendió la paz en una isla del caribe mientras se convulsionaba de intolerancia y la violencia manchaba de sangre las calles del país, pero sobre todo donde se retrata muy bien la incapacidad de una clase dirigente mediocre y ladrona que si bien ha sido exitosa en su patético intento de construirle una cara miaminesca a la ciudad y atiborrarnos las calles de un expectante turismo sexual como creyéndose en la habana, ha sido muchísimo más efectiva en su tarea de crear un bastión de mayorías empobrecidas que más tiende a parecerse a puerto príncipe, Haití.

Cartagena es la nena más deseada del caribe y sueña con ser la reina entre su gente. Vive entre la opulencia inusitada y la miseria abrupta, una ciudad prostituida, saqueada y burlada históricamente que parece oponerse al imperativo de educar en valores cívicos a una ciudadanía que transita en el caos a cuya sombra se profundiza el robo, el sicariato, la prostitución infantil y las drogas.

Esa otra cara, sin progreso social, sin notoriedad y sin tanta trascendencia histórica, es del 40 por ciento de los cartageneros, arropados bajo el oscuro manto del estigma y la pobreza pura y dura, donde la esperanza de vida ronda apenas los 60 años y las calles se llenan de niñitos mojosos sin camisa, preadolescentes embarazadas y enfrentamientos entre pandillas.

Las mismas aguas pútridas diluidas en el falso paraíso de la ciénaga, que le sobreviene a la gente más pobre de las cloacas que aún no poseen, terminan en el festín con clase que se congracia paseando la bahía, la favorita del Jet Set es en realidad una Somalia en occidente.

Cartagena a veces resulta de una inmoralidad tan absurda que sigue la ruta a su propio deterioro, una infelizmente mantenida que gasta lo que no tiene y encima solo lo hace para quedar bien.