El tiempo no cambia a las personas, sólo les quita la máscara”, Anónimo.

Por Álvaro Morales de León

Con motivo de las recientes fiestas de los niños, convertidas ahora en Halloween, muchas personas, de manera jocosa, se ataviaron con máscaras y disfraces para divertirse y divertir a otros; cosas que también suceden en época de carnavales y jolgorios populares en los que se lucen imágenes pintorescas de personajes de la vida nacional e internacional representándolos de manera graciosa y hasta burlesca, habiendo la necesidad de tolerarlos por motivos de la jarana.

Si literalmente nos referimos a mascaradas debemos entenderlas como esos eventos festivos y comparsas donde los que intervienen se tapan la cara para no ser reconocidos y divertirse eufóricamente; pero si las vamos a entender de manera figurada o alegórica será entonces para referirnos a aquellos escenarios donde están presentes las farsas, el engaño, el fraude, la mentira, la falacia y la trampa, como en la política.

Este pasado fin de semana no fueron pocos los que pusieron “el grito en el cielo” porque el alcalde William Dau, dentro de su particular estilo, exhibió por las redes sociales una máscara o disfraz de quien fuera su vencido y más cercano contrincante en las pasadas elecciones; conducta que para algunos fue irreverente y desconsiderada, y para otros, la respuesta del Alcalde a tantos videos e imitaciones burlescas que igualmente de él hacen y ponen a circular.

Pero si de máscaras y mascaradas nos referimos de manera figurada en lo político, de seguro que con facilidad y sin temor a equivocarnos podemos decir que en extremo estamos cundidos de ellas y de lo que representan, como ya dijimos, las farsas, el engaño, la mentira, la falacia y la trampa.

No vayamos muy lejos, sigue retumbando en nuestras mentes la conducta de un exgobernador que se puso la máscara de “Bolívar Ganador” para desangrar las finanzas de la Secretaría de Salud en cuantía superior a los veintiséis mil millones de pesos a través de una organización criminal conocida como “El Cartel de la Hemofilia”; y que ahora, cargando una sanción fiscal impuesta por la Contraloría posa muy orondo con la máscara de conferencista de temas de gobierno, teniendo además el coraje de criticar a Dau. Ese exgobernador es Juan Carlos Gossaín.

También recordamos la máscara del reciente “Primero la Gente” que usó un exalcalde de Cartagena, quien en sociedad con su primo asoló y arrasó con las arcas distritales en el breve tiempo que permaneció como mandatario, tiempo suficiente, además, para feriarse y repartirse la burocracia entre sus propios familiares. Sus nombres, de sobra son conocidos. Manuel Vicente Duque Vásquez y José Julián Vásquez Buelvas.

Del difunto y tristemente recordado Campo Elías Terán, recordamos su máscara de “Hay Campo para todos”, pero que también, como Manolo, en su brevísimo tiempo como primer mandatario, entró a engrosar los expedientes de los entes de control; y el famoso “Campo para todos”, solo fue para su amada hija y para sus despiadados financistas.

Dionisio Vélez se puso muy bien la máscara de “Ahora sí Cartagena”, y ahí está los Centros de Salud, “muertos de la risa”.

Y de “Quinto el breve”, como ahora se le conoce, sus escasos 14 días de gobierno, afortunadamente, no le alcanzaron para lucir su máscara de “Con Quinto ganamos todos”.

Finalmente, muchísimos son los modelos de máscaras que le han hecho mucho daño a la ciudad y al departamento, pero con las mencionadas, por ahora, es suficiente; sin embargo, a Dau lo critican por disfrazarse de su contrincante político.  Esas son otras mascaradas.