Por Miguel Fortich

La curva de la pandemia no es un secreto que va con un incremento exponencial y descomunal, ha sido tan catastrófico que nos ha conllevado a un tercer pico de contagios donde el auto cuidado. Como idea agonizante para prevalecer la vida de nosotros y de nuestros familiares, hace unas semana en Colombia el gabinete presidencial en cabeza del señor presidente Iván duque Márquez y el exministro Carrasquilla dieron a luz lo que fue la reforma tributaria, una reforma donde se evidencia la mas mínima idea de condolencia y sentido patriótico hacia nuestros compadres y comadres colombianos, una reforma que representa la ambición de poder de los banqueros y las grandes esferas políticas.

Los puntos fuertes de la reforma tributaria exponía de manera detallada y cínica un conjunto de atropellos y medidas descabelladas en contra de lo que se supone de lo que es un estado social de derecho, esto hizo que millones de ciudadanos hombres y mujeres salieran a las calles a salir en contra de este catastrófico momento, entre el lunes 3 y el viernes 7 de mayo en Colombia experimento de manera aterradora lo que es una barbarie, las marchas tomaron otro camino que en forma espeluznante donde apreciamos lo que fue el nuevo ciclo de violencia que ha surgido en Colombia entre civiles y policías. Donde el terror se apodero de las calles, durante esta semana el horror, tristeza y desesperación se apodero en más de un centenar de colombianos.

Ante esta secuela de acontecimientos que están teniendo un gran impacto de carácter nacional, es importante recalcar las siguientes apreciaciones, primero es inminente la debilidad estructural del gobierno de turno donde el deterioro al concepto de estado social de derecho y la corrupción se ha vuelto las banderas en que se sustenta este gobierno. De manera dolorosa y triste hoy vemos posicionados un estado débil que ante la falta de proponer soluciones para sanear las diferencias y reducir las barbaries vemos un estado sustentado en las armas como método de resolutivo ante la crisis.

Segundo, vemos un estado con una economía estrangulada y maltratada donde los estragos de la pandemia y la mala dirección del gobierno llevó a niveles degradantes en bienestar monetario, de acuerdo a las últimas mediciones del DANE en Colombia somos alrededor de 42,5% de colombianos son catalogados como pobres, es decir, durante la pandemia 3 millones de colombiano se volvieron pobres dando una suma total de más 20 millones de colombianos en situación de pobreza, en términos de generación y promoción del empleo hoy el presidente de la república de acuerdo a datos establecidos por el DANE solo se crearon 270,000 puestos de trabajo entre informales y formales al mismo tiempo se fue fragmentado el balance de la economía.

Ante estos indicadores deplorables evidenciamos una política de recaudo débil y un presidente desconcertado con lo que el país necesita en temas de reactivación, el gobierno ante su fuerte ineptitud ha dejado crecer los índices de deuda pública y no ha podido materializar de manera eficaz políticas públicas adecuadas para una correcta reactivación, por otro aspectos las fuerza pública y el gobierno incluyendo los distintos partidos políticos han sido débiles en el reparto de la responsabilidad debido a que no se ha garantizado ni establecido debates ni incentivos claros con respecto a las finanzas públicas y el fortalecimiento de la red pública de salud, hoy se presencia un panorama entre estos actores pre legislativos, a pesar del gobierno retirar la reforma tributaria el gobierno ante su inestabilidad estatal muestra un estado de desesperación total y desmedido del uso de la fuerza excesiva por parte de la policía y algunas minorías manifestantes.

En conclusión hoy Colombia es un país que el hambre se volvió una constante, esto es debido a la pésima decisiones administrativas donde en vez de optar por una política progresiva, se decidió imponer impuesto para sanar el hambre, colocándole impuestos a los pocos que trabajan y mas a los que aun no se encuentran trabajando, con el único fin de terminar de pagar los favores políticos en campaña y mantener las utilidades de los banqueros, dando como resultado el estallido social más grande de la historia de Colombia