Por Kelvis Edgardo Escorcia Morales

Colombia, el país del Sagrado Corazón de Jesús y la Virgen del Carmen, reza a sus muertos.

No veo porqué llamarle guerra a una situación en donde un solo bando es el que se impone con excesiva fuerza y abuso al contrario. Lo que pasa aquí es una lucha desigual, donde unos presentan armamento y protección, y otros no tienen más que poner la piel y el orgullo patrio como escudo.

Más no me malinterpreten, pues el llamado no es a tener que armarse con fuego e ir de cabeza a enfrentarse de igual a igual, sino intentar hacer llegar un mensaje de pacificación dentro de un conflicto que acrecienta pérdidas humanas y deja centenares de heridos, los mismos que durante una semana han sido rezados y velados en el país del Sagrado Corazón.

Aun así, la contrariedad se evidencia al igual que pasa cuando la señora va a la misa y se concentra en criticar cómo se vistió o se peinó la mujer de la otra banca, o como el hombre que después de echada la bendición sale a encontrarse con la amante.

Eso mismo es lo que ocurre por estos días en Colombia, con vándalos que se camuflan entre fieles creyentes de un cambio político y social, destructores que camuflados entre marchas pacíficas aprovechan para, por medio de la violencia, descargar sus resentimientos en contra de sí mismos y los malos gobiernos.

Pasó en Cartagena, que horas después de una marcha y velatón armoniosa, se produjeron incidentes de orden público en los que fueron vandalizados algunos sectores de la ciudad, por una minoría que aunque no opaca el bien realizado, incita a la reacción y la respuesta abrupta sin medidas, dejando como resultado que por lo general paguen quienes nada tienen que ver. Algo que se ha visto replicado en distintas ciudades del país.

Por eso, ahora el pueblo colombiano se arrodilla, enciende velas y se encadena en oración. Porque sus nuevos ‘Jesús’ han entregado su vida por salvarnos, no de nuestros pecados, sino de un gobierno opresor, indolente e indiferente con la sangre derramada, mientras como Pilato desde lo alto solo da órdenes y se lava las manos, no precisamente por la covid.