«La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de rehusarse a adquirirlos», Karl Popper. 

Por Alvaro Morales de León

Por ahora, no creo que el Covid deje de ser inspiración y motivo para seguir escribiendo y opinando, pero, sobre todo, educando sobre todas las aristas, en especial las que a diario buscando confundir sobre este mal se publican y difunden como producto del oscuro negocio de la desinformación que por encargo llevan a cabo los hoy llamados “influencers” empapando de falsedades y hasta de irracionales posiciones las redes sociales sin control alguno en el modelo que hoy se conoce como “la desinformación a sueldo”.

No son nuevos estos irracionales movimientos negacionistas que desde hace muchos años han surgido y siguen existiendo en diferentes países del mundo desde el mismo momento que en el siglo XX se inició el desarrollo de vacunas para contrarrestar, inicialmente, la mortal enfermedad de la viruela en humanos y continuar con otras como la tos ferina, la difteria, el sarampión, las paperas, el tétano y la rubeola, entre muchas.

Las objeciones que “abanderan” quienes lideran estos grupos pasan desde el desconocimiento e ignorancia de los procesos científicos, hasta por las objeciones por supuestas inconveniencias sanitarias, posiciones religiosas y hasta políticas, todas, en extremo, cargadas de irracional fanatismo como las que a principios del año 1800 se originaron contra la vacuna de la viruela de los humanos que en el año 1796 había desarrollado para bien de la humanidad el científico inglés Edward Jenner, a quien se le conoce como el padre de la inmunología.

Pero estos Movimientos “Antivacunas” no solo niegan las bondades de los biológicos sino a que además niegan, de manera absurda, la existencia de las enfermedades, como lo hacen con el caso que nos afecta, la pandemia del Covid-19 y toda su carga de fallecidos llegando al extremo de negarse a cumplir con las medidas de bioseguridad como lo han hecho, de manera increíble, personajes de la farándula mundial como el español Miguel Bosé, quien además le endilga responsabilidades de la Pandemia al magnate Bill Gates argumentado supuestas teorías conspirativas.

En Cartagena, como suponemos que estará ocurriendo en el resto de Colombia, sabemos, porque hemos oído y sido testigos presenciales de muchas personas a quienes les ha parecido sensato, según ellos, la escogencia de marca de vacuna o de farmacéutica que quieren que se les inocule, sin que para tal predilección tengan algún soporte o sustento científico que valide su preferencia sino porque han sido “alimentados” a través de las redes sociales por el perverso negocio de la desinformación.

Hoy, otro de los problemas que está cursando en contra de significativos avances en el proceso de vacunación no solo son los movimientos negacionistas y “antivacunas” sino, además, la terquedad y obstinación de muchas personas que no quieren hacerse inocular con el biológico que esté disponible, sino con el que a ellos les parezca, le plazca o el que el vecino, el tendero o su peluquero le ha recomendado, o el que escuchó en un bus.

Hasta ahora, el proceso de vacunación en Colombia está dándose en las poblaciones adultas, principalmente, población de la que hacen parte algunos que hoy alegan derechos para decidir si se vacunan o no, y hasta por lo cual invocan rechazo a que se les obligue a hacerlo.

Finalmente, no se conocen de indagaciones sobre marcas y farmacéuticas de vacunas que jamás hayan hecho los padres cuando llevan a sus niños para que sean inoculados y protegidos contra enfermedades tan graves como el Polio, el Neumococo, la Difteria, la Hepatitis A, el Sarampión, las Paperas, la Varicela y la Tos Ferina, entre otras.