Por Garcilaso de la Vega M

La cultura en la historia de la humanidad mediante diversos fenómenos artísticos ha transcendido cada vez más, demostrando lo siniestro de cada individuo y de la sociedad en general. Por consiguiente, el desarrollo, la conducta del ser humano, el rol de personajes y organizaciones influyentes, así como los avances tecnológicos en las diversas formas de comunicación, revelan ese concepto moderno de la noción de terror.

El desarrollo en el mundo implica ventajas y desventajas, conllevando a que los fenómenos artísticos diversifiquen la idea de terror. Lo siniestro se refleja al habitar en un planeta donde hay una marcada diferencia en la calidad de vida entre los continentes, impulsando la ley de la sobrevivencia.

La literatura, el cine y las artes en general, anteriormente se enfocaban principalmente en figuras como Drácula, Frankenstein y demás para relatar un coexistir. Hoy en día, podemos determinar cómo exteriorizan lo que implica subsistir en el progreso. La película La Purga o el libro Americanah de Chimamanda Ngozi Adichie, exponen la limpieza social, migraciones, pobreza, identidad, desapariciones, desplazamientos, racismo, inseguridad, refugiados, enfermedades, patologías, virus, distinción de clases sociales, hambre y falta de oportunidades. De alguna manera, se logra equiparar el miedo interpuesto por un fantasma, y minimizarlo a diferencia de sobrevivir en un supuesto progreso contemporáneo.

El control por parte de personajes en el sector público y privado, la conducta del ser humano, así como organizaciones e instituciones, se obtiene como consecuencia un planeta que sufre drásticamente. Un capitalismo y una geopolítica salvaje, se relaciona con aumento masivo de la pobreza, el crimen, y de las deplorables condiciones laborales, sociales y ambientales

Un terror contemporáneo del que no se puede huir, nos indica que la vida de un individuo decadente no vale nada, y el respeto de los derechos humanos es ultrajado en la coyuntura social, económica, ambiental y política. Además, presenciamos una cultura del terror con noticias diarias como robos, corrupción, desastres naturales, muertes, mercados legales relativamente o ilegales, asesinatos, masacres, “homicidios colectivos”, “falsos positivos”, canibalismo, suicidios, corrupción, narcotráfico y grupos al margen de la ley.

La literatura y las artes en general se empalman de los acontecimientos socioeconómicos, obras como el El Señor de las muñecas y otros cuentos de terror, Psicosis, El Gran Gatsby, Lady Masacre de Mario Mendoza, Ensayo sobre la ceguera, El olvido que seremos, Lo que no tiene nombre, Fausto y el Mal. Filmes como Los Extraños, Hanibal, Seven, la saga de Saw, y la trilogía de Batman del director Christopher Nolan, puliendo de tal forma lo siniestro en las masas.

Los avances tecnológicos y los medios de comunicación, son herramientas con fines comerciales o políticas perfectas de información para manejar los hilos del poder. Para la muestra un botón, las desinformaciones o fakes news promovidas en los medios y las redes sociales en India, Turquía, México, Estados Unidos o en Colombia, han generado situaciones de histeria colectiva y, olas de violencia. Ahora bien, el incremento de bots, inteligencia artificial, chuzadas, cookies, publicidad y la intromisión de google o las bases de datos, nos transporta a un universo categóricamente vigilado y operado por las maquinas o el acceso a la información.

El portal Wikileaks o las revelaciones de Edward Snowden han sido llevadas al cine o a los libros, así como el impacto del conglomerado de Mark Zuckerberg , reflejando la realidad cultural. Las mal llamadas Chuzadas, y películas como Yo, Robot , Enemigo Público, y Control Total, escenifican lo mejor y lo peor del espectro tecnológico.

Podemos concluir que las artes en general, están viviendo una revolución en su rol, a causa de un escenario trastornado y terrorífico, abarcando lo siniestro de cada individuo y de la sociedad.