Después de los días de protesta pacífica por parte de los estudiantes universitarios, movimientos sociales, organizaciones sindicales y ciudadanía en general, el paro ha logrado capitalizar ciertos logros, uno de estos fue el retiro de la reforma tributaria, la renuncia del ministro de hacienda Alberto Carrasquilla, el anuncio de matrícula gratuita en la educación superior, el archivo del Proyecto de Ley que buscaba reformar la salud, entre otros. Pero lo más importante y el paso a seguir para una verdadera transformación es votar bien.

Los grandes cambios que necesita el país para convertirse en una democracia sólida, una potencia de desarrollo sostenible y un lugar para que las futuras generaciones puedan tener sus necesidades básicas satisfechas, dependen del buen uso que le demos al voto popular. La soberanía que por medio de este acto democrático le entregamos a los representantes no ha sido usada de forma provechosa y, por el contrario, ha sido utilizada para suplir sus intereses particulares y fines perversos en contra de la ciudadanía.

¿Qué significa votar bien? La respuesta es sencilla. Debemos escoger representantes que estén alienados con los intereses y necesidades del pueblo. No podemos seguir permitiendo que los mismos de siempre continúen enquistados en el poder ejecutando políticas en contra vía del pueblo. De nada servirá todas las protestas y marchas que se han realizado si cuando llegue la hora de elegir a nuestros gobernantes no vamos a realizar un verdadero cambio.

Los movimientos estudiantiles, las organizaciones sindicales y los grupos sociales tienen una asignatura que aprender: la institucionalidad resuelve -para bien o para mal- los reclamos de la sociedad. Si los movimientos no consiguen hacerse con las instituciones, estas quedan a merced de egoístas. Instituciones manejadas por funcionarios desconectados de la realidad del pueblo que no dudan en legislar y ejecutar acciones en contra de las demandas legítimas de los movimientos.

Fundamentalmente se debe fortalecer la democracia local para orientar los procesos de negociación en relación al paro nacional. Intentar resolver los problemas estructurales que viven los territorios a través del centralismo y de espalda a la ciudadanía es el camino directo al fracaso.  Por eso son importantes los diálogos locales directos en los territorios como forma de fortalecer la democracia.

Por último, la invitación debe ser a la construcción de redes de interacción permanente que permitan a las personas vincularse en torno de los problemas que los afectan. Exigirles a sus gobernantes acciones y políticas públicas encaminadas al verdadero goce y disfrute de los derechos consagrados en nuestra Constitución Política. Una ciudadanía activa fortalece nuestra democracia. Como dijo el ex presidente de Pepe Mujica: “Jóvenes, hagan política, porque si no lo hacen se va hacer igual y seguramente será en su contra”