Por Enrique del Rio González 

Colombia es un Estado en el que ha reinado la miseria y la desigualdad. Desde épocas remotas se ha dicho con contundencia que aquí pocos tienen mucho y muchos tienen poco. Esta situación es incuestionable y lo realmente significativo es buscar una solución efectiva que trascienda del plano populista e ideológico. Es tiempo de ser pragmáticos por el bienestar de la Nación, sobre todo, por los más necesitados y agobiados que día a día ven diluida la posibilidad de dignificar su vida debido al desamparo institucional.

En este país sobrevivimos de milagro. Con el monto del salario mínimo no es posible sufragar los gastos para mantener las condiciones de mediana dignidad entre las que se cuenta: vivienda, salud, servicios públicos, educación, vestido, transporte y alimentación. La incoherencia entre el monto del salario y los gastos es abismal, solo contando a quienes gozan el privilegio del empleo, porque muchísimas personas no lo tienen o están ejerciendo en la informalidad.

Recientemente el presidente de FENALCO propuso una reforma laboral por estimarla necesaria y útil para disminuir la tasa de desempleo, esta se encaminó hacia dos puntos concretos. El primero es establecer un salario mínimo diferencial; y, el segundo, la posibilidad de la contratación por horas.

Con respecto al salario mínimo diferencial podríamos decir que no es del todo desacertado, siempre y cuando parta del establecimiento de un monto mínimo inquebrantable, es decir, el que tenemos ahora, pero con la ventaja de que este sea incrementado en las regiones donde el costo de vida sea mayor. Si este es el planteamiento lo aplaudo con entusiasmo. Sin embargo, advierto al menos dos problemas: uno es la violación del principio de igualdad el cual, para el caso concreto, se expresa en “a igual trabajo, igual salario”; y, el otro, relativo al posible estímulo de un masivo traslado de los ciudadanos hacia las regiones con mejor oferta salarial.

Por otra parte, la contratación por horas debe ser una posibilidad estimable y ello se corresponde con la realidad de la vida cotidiana en la que empresarios requieren emplear talento humano, pero no para jornadas completas, sino por lapsos determinados. Esto facilitará, siempre que se respeten todos los derechos y garantías laborales, la contratación de personas con profesiones y oficios liberales, circunstancia que también les permite prestar estos servicios, dentro de la formalidad, a diversos empleadores.

Lo verdaderamente importante es emprender reformas empáticas de fondo, que beneficien todos los extremos, especialmente el de los más necesitados y que no contengan trampas que propendan por el reiterado beneficio de los pocos que tienen mucho, en detrimento de los que siempre han tenido poco o nada.