El sábado el mundo recordó el atentado terrorista del 11 de septiembre, hace 20 años cuando fueron derribadas las torres gemelas en Nueva York  y un ala del Pentágono de los Estados Unidos que también fue atacada por otro avión.

En esta fecha hay momentos para tener presente a quienes fallecieron y también a muchos héroes, como los bomberos, policías y especialmente a otro héroe como William Rodríguez, un hombre que con una llave, le iba abriendo las puertas a los bomberos en una de las Torres. Se dice que fue el último en salir antes que colapsara el edificio de 110 pisos. Este hombre hace 10 años estuvo en Cartagena.

Pedro Mendoza Camargo, docente de Comunicación Social y corresponsal de reconocidos medios nacionales e internacionales, le contó a El Bolivarense cómo fue el día en el que gracias a su ejercicio periodístico, tuvo la oportunidad de entrevistar a William Rodríguez, quien había sido invitado como conferencista a un evento en Cartagena.

El día del atentado a las torres, Mendoza, trabajaba en el Centro de Audiovisuales de la Armada Nacional. Recuerda el momento del ataque cuando se encontraba en un consultorio de Sanidad Naval, recibiendo terapias debido a una fuerte quemadura que había sufrido en días pasados.  Mientras que la imagen del televisor de aquel lugar transmitía el atentado a los que alguna vez fueron los edificios más altos del mundo, dice que sentía una impotencia y un deseo periodístico de estar allí. Las torres gemelas, después de su desaparición, siguen siendo una gran hazaña en la arquitectura y un gran ícono para Estados Unidos y el mundo.

Diez años después del atentado, exactamente el día en el que tropas del Ejército de los Estados Unidos en una operación militar abatieron al líder terrorista de Al Qaeda, Osama Bin Laden, el periodista Mendoza logró conversar con Rodríguez, se sabía que estaba en Cartagena, pero después de ir aquí y allá, Pedro finalmente pudo entrevistar al conserje del desaparecido World Trade Center.

Luego de que William terminara una entrevista con corresponsales de CNN en el hotel en donde se estaba alojado en Cartagena, conversó con Mendoza acerca del atentado a las Torres, «William me comentó que el sintió la explosión, a él le tocaba limpiar las escaleras de unos edificios de más de 100 pisos, el tenía las llaves de la puerta de cada piso y fue quien acompañó a los bomberos a subir como hasta el piso número 30, me dijo mostrándome la llave, que era la llave de la esperanza».

Rodríguez tenía una de las cinco llaves maestras para acceder a las escaleras, se quedó abriéndole la puerta a los bomberos y ayudándolos a subir por escaleras angostas, empinadas y llenas de humo negro. Las mismas que recorría siempre en su trabajo de conserje. William conserva la llave, esa que utilizaba para abrir las puertas de los pisos, Pedro contó, «Le pedí la llave para tomarle una foto, curiosamente él no la suelta para nada, no se la entrega a nadie y me dijo, venga y nos tomamos una foto con la llave».

Rodríguez además dijo que en Puerto Rico, su tierra natal, fue mago y que en el momento en el que sintieron que la torre iba a colapsar, él recordó un truco, que consistía en taparse la cara con las dos manos para no perder aire, puesto que quedó debajo de un carro e inconsciente, despertó a los dos días en un hospital.

Esta cobertura periodística siempre la recuerda Mendoza, dice que siente admiración y el respeto por quienes hacen las cosas sin miedo, «Amo mucho estas historias, tengo siempre presente a mi primo Danny que vive en Los Ángeles y fue  bombero, no en las torres, pero él me recuerda la valentía y heroísmo de  los bomberos que estuvieron en el atentado tratando de salvar vidas, por eso los admiro mucho».

Después de 20 años del atentado y 10 de la entrevista con el héroe Rodríguez, Pedro ha mantenido comunicación con William, luego de aquella entrevista de ese 2 de mayo del 2011. «Me parece una persona muy amable, generosa, hablamos por WhatsApp para organizar una entrevista para este año 2021, me dijo que estaba copado de entrevistas de medios mundiales, pero aún así accedió, le escribí que así es la vida de los héroes sin capa y cerré el chat, recordándole que tenía una deuda con él, un café colombiano que espero poderla pagar cuando él vuelva a Cartagena”.