Por Jairo Eduardo Soto Molina

Doctor en ciencias Humanas Par académico MiniCiencias-MEN

“La libertad de buscar y decir la verdad es un elemento esencial de la comunicación humana, no sólo en relación con los hechos y la información, sino también y especialmente sobre la naturaleza y destino de la persona humana, respecto a la sociedad y el bien común, respecto a nuestra relación con Dios”, Juan Pablo II.

En mis últimos escritos titulados: En búsqueda de un gran consenso o acuerdo universitario”, “Principios y criterios para un consenso o acuerdo universitario”, “Un rector de consenso”. Esta es la finalidad de mis escritos y le apuesto al rector que logre el mayor consenso posible al interior del Alma Mater

La creciente privatización y politización de las IES ha propiciado que la UNESCO en el año 2015 conciba la Educación Superior (ES) como un bien común, con esta visión surge una nueva perspectiva para la comprensión y búsqueda de solución a los problemas derivados de la pésima gobernanza de estas instituciones, especialmente en algunos países latinoamericanos.

Una de las características especificas de la Educación superior como un bien común según Zamagni (2014) se infiere que su uso depende de la existencia de relaciones de reciprocidad entre estamentos básicos. En ese sentido, Sánchez Enríquez (2014) sostiene que los bienes comunes se producen y obtienen mediante relaciones entre personas y grupos y, por tanto, “son un producto de relaciones interactuantes” (p. 3). De ahí que este tipo de bienes “no existen fuera de nuestras relaciones. Más aún, como indica Zamagni (2014), “el beneficio que un individuo extrae de un bien común se materializa junto al de los demás y no en contra ni prescindiendo de los demás” (p. 27). Por consiguiente, algunos estudiosos conciben a los bienes comunes como una relación social armónica.

Por este motivo el consenso debe ser el acuerdo fundamental o pacto académico que debe decidir los destinos de la Universidad del Atlántico. En el día de hoy ha circulado un documento sin autoría determinada titulado: ¿ESTRATEGIA FORTUITA O DEL PERRATEO? Pero no me refiero a documentos apócrifos. Más sin embargo, allí se da una lista que en primera instancia aparecía con 15 nombres de inscritos que uno no sabe si realmente son o no son, debido a que la secretaria general en contra sensu a las consultas anteriores no emitió un boletín de prensa. A esto se debe la demora de mi escrito. Pero que se puede esperar de un CSU politiquero y que no domina temas como el aquí señalado, en relación con los requisitos mínimos para ser rector. Yo creo que un concurso docente para la educación básica tiene más nivel. La rectoría de la Universidad del Atlántico parece una lotería, a la que todo el mundo quiere apuntarse. No la miran como un reto, como una responsabilidad de servicio, para sacar adelante la institución.

No obstante, lo anterior sumado a la falta de competencia de la secretaria general, debemos comprender como un gran avance la periodicidad en el cargo. Los estatutos se pueden y deben modificar o enmendar a futuro. Lo que si coincido es que por lo menos once de esos 15 aspirantes no tienen nada que hacer allí. El consenso debe girar en torno al Dr. Álvaro Martín Lastra Jiménez, la Dra. Marcela Cuellar Sánchez, el Mg. Alberto Moreno Rossi y el Mg. Danilo Rafael Hernández Rodríguez. En ese orden. Todos conocidos de auto en la institución, como se dice en el argot jurídico.

Por estar promoviendo el consenso no me voy a referir ni positiva ni negativamente a ellos, sino que para mi tienen un legitimo derecho a aspirar a ocupar el dignísimo cargo, tal vez uno más que otros, pero eso lo debe indicar el consenso. El cual, va en consonancia con esta concepción de educación superior como bien común.

Otra característica interesante de los bienes comunes es su transgeneracionalidad (Figueroa, 2016), en el sentido de que pertenecen tanto a las generaciones actuales como a las futuras, a la comunidad actual y a la futura. Esta idea sustenta el concepto del uso sostenible de los recursos medioambientales. Para Figueroa (2016) esto “implica que no pueden ser gestionados en términos de racionalidad individual ni tener como objetivos las ‘ganancias’” (p. 1).

La gobernanza y uso de los bienes comunes implican la consideración del interés general y a la contribución al bien común.

Otras características de este tipo de bienes: (a) son de acceso universal, es decir, todos los miembros de la comunidad poseen el derecho de acceder a ellos; (b) el uso que hacen unos miembros de la comunidad puede afectar negativamente el acceso de otros; (c) son de propiedad comunitaria (ni estatal ni privada), lo cual significa que quienes los “poseen” en realidad no son sus propietarios y, por lo tanto, su uso debe ser funcional con su naturaleza; (d) son bienes relacionales y, por lo tanto, se producen y usan en el marco de relaciones entre personas y grupos; (e) son transgeneracionales, es decir, su producción y consumo requieren garantías de sustentabilidad y (f) su uso requiere contemplar el interés general y contribuir al Bien Común.

Citas al cierre: Me convencí de que dudar de todo es carecer de lo más preciso de la razón humana, que es el sentido común.  Goethe, Johann Wolfgang.

El sentido común no es tan común. VOLTAIRE, François Marie Arouet
Tomémonos un tinto, seamos amigos. Café Águila Roja. Sigan siendo felices Jairo les dice

Figueroa, M (2016) La educación y el conocimiento: ¿un bien común? Parte 1. Recuperado de https://goo.gl/No2RNY

Sánchez Enríquez, R. (setiembre 2014). Bienes comunes y Bien Común. ¿Las raíces relegadas de la gestión democrática? Trabajo presentado en el Seminario Internacional. 18 y 19 de setiembre de 2014, Lima-Perú

Zamagni, S. (2014). Bienes comunes y bien común. En O. Groppa, & C. Hoevel (Eds). Economía del don. Perspectivas para Latinoamérica (pp. 25-46). Buenos Aires: Ciudad Nueva

[Titular] Licandro, O. D., & Yepes Chisco, S. L. (2018). La Educación Superior conceptualizada como bien común: el desafío propuesto por Unesco. Revista digital de investigación en docencia universitaria, 12(1), 6-33.