Por Esteban Elles

La identificación con la polis era fortísima para el hombre griego, hasta tal punto que el destierro fuera la suprema condena; estar en la polis era estar seguro, salir de las murallas de la polis representaba indubitablemente la muerte.

Esto no siempre fue así. Con la decadencia de hombre griego, y con él, la de su ethos, su cultura, su templanza, todo cambió diametralmente. Bajo la monarquía absoluta y autoritaria de Alejandro Magno, salir de la polis e ir al ostracismo, parecía ser mejor que vivir en el proto-estado.

Colombia es un estado decadente. Una democracia a la que le subyace su antónimo. Desigual, viciosa e inmadura; un estado que exige la sumisión ciega a su autoridad; que nos pide fe mientras nos viola y nos masacra.

Cuando miro este estado y miro su decadencia, pienso en Atenas, en Grecia y su decadencia. Grecia decadente y nuestra Colombia son la persona y su reflejo en el espejo. Miro, y pienso en lo triste que es ir a universidad y estudiar con el solo objetivo de salir algún día de aquí: de este país; de estás murallas que ya no nos protegen; ahora nos aprisionan y nos quitan las oportunidades.

Un estado que nos asfixia de infortunios y nos quita la respiración hasta matarnos; de este estado opresor y violador, que nos quiere… pero quitar la esperanza.