“Mejor es fracasar con honor que triunfar con fraude”. Sófocles

Por Álvaro Morales de León

Llamar cultura al fraude pareciera ser, y hasta puede serlo, una contradicción o la composición de una estructura semántica que combina palabras de opuesto significado porque mientras como cultura se conoce el cultivo de conocimientos para y hacia el bien, por otra, del fraude se dice que es todo lo contrario a la verdad, a la rectitud, a la evasión de disposiciones legales, a los delitos, y por lo regular, dirigido a la sana construcción y ejecución de la contratación pública y a veces privada.

Complementan los diccionarios que fraude es también el engaño, la estafa, la falacia, la defraudación y el desfalco, y lo hacen como definiciones que hasta podrían quedarse cortas para englobar o abarcar este estilo muy predominante en el sector público de nuestro país, principalmente.

Ejemplos y casos, sobran, y abundan en demasía, pero no todos salen a la palestra pública mientras el fraude no sea “boqueado” por quien o quienes hayan sido “ninguneados” y desconocidos de “la moña”, o de “la piña”, como dicen ahora los jóvenes, que delictivamente fraguaron para robarse los dineros públicos.

El fraude en lo público, especialmente, transita en diferentes maneras, formas, o modalidades, haciéndolo desde el repetitivo fraude del que siempre se habla en las elecciones, hasta pasar por el aporte de títulos académicos no logrados, aporte de contribuciones apócrifas al régimen de seguridad social en pensión, salud y riesgos laborales; y ilegítimas afiliaciones al sistema de selección de beneficiarios, el Sisben.

No podríamos dejar de mencionar las falsas certificaciones de estudios y experiencia laboral no ejercida; simulados documentos de identificación, certificados falsificados de propiedad de bienes inmuebles, de licencias de propiedad vehicular y hasta de revisiones mecánicas y muchas más en las que podríamos abundar en este listado innumerable.

Pero tampoco se podrían excluir del catálogo de fraudes la falsificación de firmas de Notarios, ni la elaboración de declaraciones de renta sin sustento contable, tampoco las tesis de grado y los artículos científicos presentados como propios habiéndose escritos por otros autores; y hasta los fraudes por las ejecuciones extrajudiciales en los macabros “falsos positivos” del ejército colombiano buscando grados superiores y reconocimientos militares.

Lo de MinTic con Centros Poblados solo ha servido para hacernos ver o recordarnos este escenario de corrupción que traspasa y que no está presente únicamente en el sector público, aunque sea el predilecto, sino también en el privado.

Como si no hubiera sido suficiente el escándalo con la exministra Abudinén ahora se acaba de conocer de dos contrataciones millonarias suscritas por el gerente de las Empresas Públicas de Cali con documentación falsa, y curiosamente, con aporte de certificaciones supuestamente falsas expedidas por el Banco Itaú, el mismo de Centros Poblados; y de muy parecida manera también se comienza a conocer de contrataciones en el Distro Capital, Bogotá.

En Cartagena el epicentro de la ilegalidad, la concentración del fraude de documentos públicos y privados está en el “Parque de las Flores”, ese lugar que ocupa parte del espacio que en forma de cuchilla está en el Centro de la ciudad entre la avenida Escallón y la avenida Venezuela y donde además de rosas y claveles se ofrece lo ilícito y lo irregular.

Pero también, muchos centros de copiado e impresión en la ciudad no tienen escrúpulos para la falsificación de documentos y títulos académicos, llegando al extremo de preguntarle al solicitante, sin reparo alguno, con qué título quiere graduarse o que quiere que se le certifique utilizando para ello y de manera indebida la bondadosa y útil tecnología digital.

Finalmente, ¿cuántos contratos, posesión y ejercicio en cargos públicos, títulos y certificados académicos, tesis de grado, certificaciones, escrituras públicas, Sisben y hasta documentos de identidad no se han aceptado con pleno conocimiento de la condición fraudulenta de los mismos?