Por Ricardo Barrios Montes

Administrador de Empresas y Contador Público

Transitamos en tiempos decisivos para la política nacional, desde ya los presidenciables alistan motores para la carrera del 2022, millones de personas sobre la cimbra del abuso tendrán nuevamente la oportunidad de ejercer la primacía de su voto para recordarse que viven en democracia. Ganará como siempre, quien nos resuelva relevados los mismos interrogantes de siempre, la corrupción, el desempleo, la violencia entre otros; sin embargo puede que esta vez la respuesta más ilustrativa que obtengamos, resulte en el entrampamiento para acabar con el oponente y la acostumbrada polarización.

La vorágine de eventos que ocurren en nuestro país a veces cuesta muchísimo procesar, en tanto y cuando se acercan las elecciones tenemos un nuevo repliegue de nuevas decisiones que contribuyen a la polarización. Hay que ver en la distancia con profunda objetividad, autocrítica y reflexión el gran daño que genera a los efectos de reagrupar el miedo junto a la desconfianza y confinar la fuerza y la energía de la esperanza en una dirección nula. Lo más importante que como sociedad se ha perdido es la cohesión, si pensamos bien nunca antes se ha detonado en el país una polarización tan exacerbada, ni siquiera en los tiempos en que el país enfrentaba a los paras, las guerrillas y el narcotráfico al mismo tiempo.

En esta próxima elección presidencial no perdamos de vista que el protagonista es el ciudadano, NI LA DERECHA, NI EL CENTRO, NI LA IZQUIERDA lo son.

Por un lado, la derecha con su cabeza visible un finquero y caballista que usa crocs, la mejor opción para insistir en el tema del castrochavismo, ya se ve reelecto en cuerpo ajeno, mientras los debates surgen de sus recalcitrantes tuits, el alter ego de sus militantes se rebana los sesos buscando la entonación perfecta de las palabras que va a usar con un despotismo que se llega a confundir con amor, que más le pueden pedir a la típica política que se desinfla en el camino y que ahora tiene al país arañando los puntos para crecer a la mitad de lo que nos prometió.

En la otra orilla; la izquierda, con alguien que nunca habla en serio y que no creo pueda ser recordado como un presidente pues no pinta serlo, más porque parece el perro rabioso que las bancadas gobernistas nos han dibujado hace rato y pareciera que ese dique que levantaron para atajarlo comienza a hacer agua pues cuenta con el fervor de un pueblo que se siente victimizado, emberracado y con argumentos. Si bien es poco fiable por estar cargado de resentimiento y sabor a venganza, le funciona perfectamente el discurso que se ufana por sacarle a dedo a unos y entregarles aleatoriamente a otros, claro porque eso de la desidia y el desorden es muy conveniente a su juicio.

En el medio queda un montón de gente que no se considera ni de un bando ni del otro, argumentando razones con un tono tibio y pausado al que casi no se está acostumbrado a escuchar en política y que luego viene a pasar factura, pero tiene su explicación. No son políticos.