Por María José Diaz

Las posturas frente a el paro nacional son diversas, hemos podido observar como a lo largo y ancho del territorio nacional muchas personas se han comprometido de una manera ejemplar alzando su voz en busca de un cambio, otras por el contrario, sienten cierta indiferencia  y es que cuánta razón tenía Bukowski al decir “supongo que el único momento en que la mayoría de la gente piensa en la injusticia es cuando les sucede a ellos” pero cualquier nacional o residente colombiano que piense en esto como algo lo cual no le compete, no podría estar más alejado de la realidad. El problema no radica solamente en la reforma tributaria con la cual el Gobierno pretende subsanar el desfalco generado a causa de la corrupción, el dinero derrochado y uno que otro favor político como la ley de financiamiento la cual rebajó muchos impuestos a la clase “generadora de empleo” como los llaman, que no son otros que las grandes empresas y la élite económica, que sumado con la pandemia ha hundido al país en una deuda casi impagable. Y es que, en realidad hay mucho por lo cual protestar en el país donde la educación y la salud no es un derecho sino un negocio, donde los intereses económicos priman sobre el medio ambiente, donde las masacres y los asesinatos de líderes sociales son el pan de cada día, entre otras inequidades a las cuales con el tiempo nos hemos acostumbrado.

En estos días sombríos y llenos de incertidumbre, mucho se ha hablado sobre la empatía y es que ha resultado imposible ser completamente indiferente ante los sucesos que a diario vemos en cada medio informativo, pero, ¿Qué es en realidad la empatía en estos tiempos de resistencia nacional? Es abrazar ese dolor de patria, es la incertidumbre sobre lo que depara el futuro, es la impotencia de no poder hacer nada, es sentir tuya la pérdida de un joven como Lucas Villa que pacíficamente protestaba en rechazo de un Gobierno nefasto, y la cifra de 39 muertos que cada día aumenta, es sentir rabia al saber que cuatro agentes del ESMAD abusaron sexualmente de una chica de 17 años, apresándola entre 4 y que producto de esto ella decidiera acabar con su vida, es sentir rechazo por todos los abusos cometidos por la fuerza pública a quienes se les ha legitimado el exceso de autoridad para intentar callar a los colombianos que ejercen su derecho y también condolerse con ese selecto grupo de buenos agentes que les toca dormir como perros en el suelo de una estación para poder estar al servicio inmediato, sin saber cuándo ni en qué condiciones regresarán a sus casas. Todo gracias a un Gobierno funesto que le ha quedado grande el país y que busca a como dé lugar vedar la voluntad del pueblo.

 “Es hora de aullar, porque si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan, y no hacemos nada por contrarrestarlos, se puede decir que nos merecemos lo que tenemos” -José Saramago.